12 de marzo 2014 - 00:00

Elección de vida: el fin de semana miles de niños de toda la Argentina iniciaron la temporada llenos de ilusión y compañerismo

Unidos por una pasión. Miles de niños de todo el país iniciaron el año deportivo. El rugby vuelve a demostrar que más allá de un resultado, lo que importa es la amistad y el compañerismo. Sueños renovados. El rugby infantil es la base del éxito del mundo ovalado. Cuando sean más grandes, muchos llegarán a Primera, otros serán entrenadores y el resto seguirá ligado a su club.
Unidos por una pasión. Miles de niños de todo el país iniciaron el año deportivo. El rugby vuelve a demostrar que más allá de un resultado, lo que importa es la amistad y el compañerismo. Sueños renovados. El rugby infantil es la base del éxito del mundo ovalado. Cuando sean más grandes, muchos llegarán a Primera, otros serán entrenadores y el resto seguirá ligado a su club.
Simón llega de la mano del padre. La aprieta muy fuerte y le cuesta soltarla al llegar al punto de encuentro en un rincón de la cancha principal del club. Tiene seis años y viene so-ñando con este momento desde hace tiempo. En la semana esperó a que su padre regresara de trabajar para pedirle que le dedique un rato.

Papá, ¿podemos practicar pases?, dice. El orgulloso padre se saca el traje en tiempo récord y le enseña lo rudimentario para que la difícil pelota ovalada llegue a destino. Cincuenta, cien pases y a cenar hablando de lo que pasará el sábado.

Y ese primer día de rugby llegó. Los primos lo vienen alentando hace tiempo y el padre, que jugó rugby de joven, sabe por sus amigos y por padres de otros compañeros de Simón del colegio, que está bien empezar tan temprano a jugar al rugby. Es más, lo alientan. Se le va a ir la timidez, le dice uno. Los sábados empiezan jugando en infantiles, pero termina con amigos viendo a la Primera o en la casa de alguno, agrega otro.

Se juntan todos los nacidos en el año 2008 en el rincón elegido. El resto de la cancha, y las otras canchas del club, están ocupadas por chicos nacidos en otros años que como Simón llegan en busca de diversión. Lo que no saben a tan temprana edad es que lo que están haciendo es una verdadera elección de vida.

Se presentan quienes se encargarán de hacerlos felices un par de horas cada sábado a la mañana y a Simón le transpira esa mano que no quiere soltar el calor de la mano paterna. El corazón le late a gran velocidad. Se le llena la cabeza de dudas. Después de la corta charla, los padres se van a un costado del campo de juego, los chicos se calzan los protectores bucales y empiezan a jugar.

Sin dejar de chequear a cada rato la posición del padre, Simón empieza a tomar confianza. Su práctica de la semana le sirvió para sentirse listo. Una corrida, un tackle y la mirada buscando la aprobación paterna. Al terminar la práctica, todos abrazados en una ronda escuchan nuevamente al entrenador. Se ríen, les cuesta concentrarse hasta que escuchan el fantástico: Ahora... al tercer tiempo.

Ahí, sentado entre dos compañeros de clase y frente a tres chicos que conoció esa mañana, Simón come la hamburguesa y charla. Vaya a saber uno de qué. De nuevo vuelve a agarrar esa mano que lo trajo. Papá:, pregunta. ¿Falta mucho para el sábado que viene?.

Este fin de semana hubo miles de chicos que como Simón se acercaron a los cientos de clubes de todo el país. Para ellos, el camino en el rugby es largo, tan largo que no tiene fin. Empezaron los infantiles, se renuevan los sueños.

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