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Emerge en el chavismo viejo nexo carapintada
Hugo Chávez
Porque en lo que respecta a la descomposición de la comida, por causa de la ineficiencia de la administración Chávez, esos alimentos son irrecuperables. Venezuela, de ser casi autosuficiente pasó, con el chavismo, a importar un 70% de básicos como lácteos, arroz, pollo, carne, maíz, fruta y café.
De acuerdo con un informe de PDVAL (es una división «comestible» de la petrolera PDVSA, creada en 2008 para «garantizar la soberanía alimentaria»), el plan original era importar y distribuir 1.751.000 toneladas de alimentos desde 2009. Pero sólo se trajeron 639.000 y, de ellas, se distribuyeron apenas 191.000. Resultado: 448.000 toneladas todavía están en los containers, en los puertos, a merced del sol caribeño. Fuentes no estatales calculan que las pérdidas rondan los u$s 20.000 millones.
El escándalo de la mercadería podrida es más grave si se lo mide con la vara del chavismo, que viene arengando al pueblo y a las Fuerzas Armadas «a unirse contra la guerra económica», de la burguesía y de los empresarios «escuálidos» (opositores).
Inflación
Hasta ahora, y a pesar de que en dos años se expropiaron 76 empresas del rubro alimentario, ese combate viene perdidoso: Venezuela es el país con la inflación más alta del continente (estimada en un 45% para 2010 y en un 70% para el sector agrícola, según el economista José Guerra), y donde un ciudadano común necesita dos sueldos para cubrir la canasta básica.
Eso, si la encuentra, porque el desabastecimiento, la remarcación de precios y largas colas para conseguir algo de azúcar, arroz o huevos son parte del paisaje urbano. O un calco de la película que se repite desde hace 50 años en Cuba.
Es que para el proyecto chavista, que hace agua, la cubanización es hoy el mejor de los parches. Corrosivo, todo el management que proviene de la isla de los Castro termina con algo de Venezuela. No sólo en las Fuerzas Armadas, en la administración del sistema eléctrico, de las comunicaciones y de las industrias básicas (derivadas de la minería) o de la misma PDVSA. También los castristas están, desde la nacionalización del sistema portuario en 2009, asociados (con un 49%) a los venezolanos en Bolipuertos.
El fracaso de Bolipuertos dejó un chivo expiatorio: Diosdado Cabello, hasta ayer al frente del ministerio más poderoso y abarcativo, el de Obras Públicas y Vivienda (del que dependía Bolipuertos), que fue dividido en Transporte y Comunicaciones, y en Vivienda y Hábitat. Diosdado deja su cargo para encabezar la lista de diputados (del estado Monagas), lo mismo que otros ocho ministros.
Esos candidatos serán la ambulancia política frente a un crecimiento de la intención de voto opositor. De los 165 escaños que se renuevan en la Asamblea Nacional en setiembre, el chavismo necesita quedarse con dos tercios (más de 111) para poder aprobar leyes orgánicas, presupuesto y convenios internacionales.
Vice poderoso
Queda aún otra lectura. Los reemplazantes ministeriales responden, todos, dice el periodista Nelson Boccaranda, a Elías Jaua, «el vicepresidente más poderoso y más cubano en 11 años de Chávez». Tanta es la fuerza que tiene Jaua en Miraflores que la alimentaria PDVAL salió de la órbita de PDVSA para pasar a la de la vicepresidencia.
¿Es Jaua el nuevo Rasputín que reemplaza a Diosdado Cabello? Habrá que ver. Chávez, que en esto pareciera seguir a Heráclito, es un reciclador crónico de ministros, con cerca de 200 recambios encarnados en 40 figuras que rotan de escritorio. Mientras tanto, el nuevo todopoderoso Jaua no es ajeno a la Argentina. En 2002, fue nombrado embajador en Buenos Aires pero su plácet fue rechazado por causa de su conexión carapintada. Amplio, el chavismo da para todo.


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