24 de octubre 2012 - 00:00

Emisión de dinero y apocalipsis de Keynes

Milton Friedman
Milton Friedman
Allá por el año 1920, en «Las Consecuencias Económicas de La Paz» (p. 236), John Maynard Keynes afirmaba: «No hay medio tan sutil y tan seguro para subvertir la sociedad por su base, como la adulteración de la moneda. Este proceso pone en marcha, y de parte de la destrucción, todas las fuerzas ocultas de las leyes económicas, de tal manera que ni un solo hombre entre un millón sería capaz de diagnosticarla». Si bien el mismo

Keynes trabajó en la Teoría General con rigideces de precios a la baja como una forma de explicar el desempleo durante la Gran Depresión, ello no implica que no viera a la inflación como un problema. Así, independiente de la fuente, el indicador se ubica por encima de los niveles observados tanto para países desarrollados como para emergentes (aún los que crecen mucho). Por lo tanto, más allá de las causas, el primer paso hacia una solución es reconocer que tenemos un problema.

Respecto de las causas del presente fenómeno inflacionario se han ensayado tres tipos de explicaciones. Por un lado están los argumentos desde el lado de la oferta, los cuales se basan en una matriz productiva con fuerte peso del sector agropecuario, mercados concentrados que fijan precios según un margen sobre los costos y sindicatos poderosos que presionan sobre los salarios. Si bien estos elementos pueden generar un efecto contractivo sobre la oferta y con ello hacer subir los precios, ello no necesariamente es inflación. Cuando uno de estos factores se gatilla, la oferta se contrae, los precios suben, la demanda se ajusta al nuevo nivel de precios, la actividad se contrae y con ello el desempleo aumenta. Sin embargo, el desempleo no es una solución de equilibrio, por lo que las propias fuerzas del sistema llevarán a la restauración del equilibrio, donde el poder de cada uno de los agentes involucrados determinará la posición final del sistema en términos de precios de bienes, margen de beneficio, salarios, producción, empleo y, por ende, en la distribución del ingreso. La economía ajusta a un nuevo equilibrio, pero, si la cantidad de dinero no ha cambiado, el total de precios, como conjunto, no cambia. En definitiva, esta hipótesis sólo tendría sentido si el Banco Central ajustara de manera continua la cantidad de dinero al precio de los bienes. Por lo tanto, sin emisión monetaria convalidante no habría inflación.

Por otra parte, están las explicaciones que ligan la inflación a cuestiones como insuficiencia en el nivel de inversión o al crecimiento. El primer argumento no resiste el menor análisis. En terminología keynesiana, si cada punto de crecimiento requiere cinco puntos de inversión en términos de PBI, emitiendo al 35% anual, para situar la inflación en un 5%, la economía debería crecer un 30%, esto es, deberíamos invertir un 150% del PBI, lo cual no tiene sentido. A su vez, en cuanto a las explicaciones basadas en el crecimiento, debemos entender que éste viene dado por acumulación de factores (capital y trabajo) y progreso tecnológico, y que cuando esto sucede, la oferta aumenta y los precios caen en lugar de subir.

Por último, están los que hacen el foco en la demanda como consecuencia de la emisión monetaria. Así, un déficit fiscal creciente y sin financiamiento en el mercado de deuda impulsa a mayor emisión monetaria y con ello, a mayor inflación hasta que se recomponga el equilibrio fiscal. Al mismo tiempo, si los precios suben y el tipo de cambio no acompaña, la moneda local se aprecia, la economía opera bajo restricción externa y, salvo mejoras en las condiciones internacionales, se estanca, por lo que cae el salario real y/o sube el desempleo. Por otra parte, si se induce a un aumento compulsivo de la demanda de dinero, en el proceso de adecuación con la oferta, los precios saltarán por la suba transitoria del consumo. En definitiva, en este cuadro de situación la inflación es un fenómeno monetario emergente de un déficit fiscal que no puede ser financiado con deuda ni con mayor demanda de dinero.

Milton Friedman señalaba: «Puede que los empresarios sean voraces, los sindicatos ambiciosos, los consumidores despilfarradores, los jeques árabes hagan subir el precio del petróleo y las condiciones meteorológicas a menudo sean malas. Todo esto puede conducir a aumentos de precios de bienes individuales, pero no puede llevar a un incremento general de los precios de los productos. Puede provocar una subida temporal de la tasa de inflación. Pero no puede ser la causa de una inflación continua por una razón muy simple: ninguno de estos aparentes culpables posee la máquina de imprimir estos trozos de papel que llevamos en nuestros bolsillos». En definitiva, la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario y no existe caso en el mundo en el que la tasa de inflación haya bajado sin haber cesado la emisión. Por lo tanto, si queremos evitar el apocalíptico final sugerido por Keynes, debemos frenar el motivo que nos lleva a imprimir moneda: el déficit fiscal.

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