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Emotiva marcha de 150.000 noruegos
En Oslo, los ciudadanos desfilaron con flores y antorchas cerca de donde explotó el coche bomba, encabezados por el príncipe heredero Haakon y el primer ministro noruego, el laborista Jens Stoltenberg.
En el cierre de la concentración, en la plaza municipal, Haakon subrayó en un discurso que «hoy las calles están repletas de amor», y recalcó que si bien nadie dará marcha atrás a los atentados del pasado 22 de julio, los noruegos sí pueden «decidir en qué los convierte esas muertes».
Respuesta
«Hemos decidido responder al odio con unidad. Hemos elegido movilizarnos en pro de nuestros valores. Noruega es un país en luto. Recordamos a todos los que sufrieron pérdidas, desapariciones, y a todos los que hicieron un esfuerzo heroico», afirmó Haakon.
Stoltenberg instó a los ciudadanos a mantener su carácter tolerante y democrático, y destacó que «el mal puede matar a una persona», pero que nunca podrá «apoderarse de todo un pueblo».
Asimismo, agregó que la respuesta de Noruega a los atentados debe ser «más apertura, más democracia», lo que arrancó un sentido aplauso de la multitud congregada.
Por su parte, el líder laborista Eskil Pedersen, visiblemente emocionado, aseguró que los ataques «cambiaron para siempre» a Noruega, pero que está en las manos del pueblo decidir cómo va a ser esa transformación.
«Él ha arrancado algunas de nuestras rosas más bellas, pero él no puede parar la primavera», concluyó.
Sin miedo
Para culminar la marcha, los participantes, con sus rosas en alto, entonaron la canción noruega «Ja, vi elsker», que significa «Sí, nosotros amamos».
La obra «Para la juventud», compuesta en vísperas de la Segunda Guerra Mundial y convertida en himno antinazi de la resistencia noruega, cerró el acto.
La marcha comenzó y terminó en la plaza municipal de Oslo, pero tras cerrarse la concentración oficial la gran mayoría de los participantes decidieron desplazarse hasta la catedral para depositar su flores en la entrada, como se lleva haciendo espontáneamente desde la mañana del sábado.
«No sentimos nada hacia él. No nos preocupa, estamos aquí por nuestro país, por las víctimas, por sus familiares, no por él», explicaba Bénédicte Larodd, de 26 años. «Viniendo aquí quiero demostrar que no tenemos miedo. No dejaremos que este individuo nos atemorice», añadió Roy Kvatningen.

