18 de diciembre 2013 - 00:00

En busca de la felicidad

En Tucumán se lo conoce desde hace mucho tiempo a Daniel Hourcade como un verdadero motivador. Un armador de grupos que suele detectar muy bien las grietas en las relaciones humanas para actuar rápido. Quizás esa faceta del entrenador inclinó la balanza del destino que lo puso en el lugar de privilegio que ocupa hoy. Es muy difícil encontrar un ex dirigido por el Huevo que diga lo contrario. Para él, primero está el grupo, después vendrá el tiempo de tácticas y estrategias. No le será fácil con un conjunto de jugadores (ya vestigios de la gloria en Francia 2007 por los retiros) que están acostumbrados a que su opinión sean palabras de peso. Aun por encima del protocolo y las buenas formas. En cuanto a lo rugbístico, su consigna es clara: los jugadores tienen que jugar, soltarse, tomar decisiones y cuando eso está asumido, llega el tiempo de pasarlos por el peine fino. En Hourcade no habrá que esperar decisiones drásticas ni opiniones que desnuden cuestiones de puertas adentro. Su mayor tarea está en los camarines. Y allí está su gran desafío.