10 de junio 2014 - 00:00

En Rivas, lo banal dispara un abanico de significados

Las videoinstalaciones que Silvia Rivas exhibe en el Museo Castagnino de Rosario parten del vuelo de una a o varias moscas y terminan en un feroz enjambre que recuerda el cine de Alfred Hitchcock.
Las videoinstalaciones que Silvia Rivas exhibe en el Museo Castagnino de Rosario parten del vuelo de una a o varias moscas y terminan en un feroz enjambre que recuerda el cine de Alfred Hitchcock.
Rosario - El Museo Castagnino de Rosario ha logrado reunir en una sola exhibición "Zumbido/ Odisea Invisible", la serie completa de obras de Silvia Rivas que tuvo su origen en el Malba (2010), prosiguió en la Fundación Alon (2012) y la Fundación Proa (2013) y concluye ahora en el Castagnino, donde abre camino hacia una nueva producción.

Desde el ingreso a las salas se advierte, ya sea en la disposición de las pantallas sobre las mesas o en los lugares estratégicos elegidos en las paredes, la sabiduría del montaje a cargo del curador Horacio Zabala y de una artista cuidadosa en los detalles.

El tema de la muestra resulta de algún modo sorprendente y hasta banal: las peripecias del vuelo de una mosca -o de varias- acompañadas por un insistente zumbido. El insecto, representado en su versión más molesta, sensación que se acentúa con el zumbido, contrasta con la pureza y la sofisticada realización que se reitera en todas las videoinstalaciones, con los blancos escenarios y su luminoso reverberar rosado.

En una inmensa superficie casi abstracta conformada por tres pantallas hay una mano inmaculada que descansa sobre una mesa. Una mosca se posa sobre ella y, con gestos leves que luego se volverán rápidos y hasta frenéticos, la mano trata de espantarla. La imagen posee una cualidad hipnótica. El zumbido marca un ritmo que se acelera mientras las manos (ya son dos) persiguen al insecto hasta aplastarlo. La mosca ha muerto. Su cuerpo transformado en una mancha negra se convierte en un feroz enjambre que vuelve a arremeter sobre la mano. Este breve episodio trae el recuerdo el cine de Hitchcock, "Los pájaros" en especial. Rivas no es indiferente al rico legado del cineasta que los artistas contemporáneos valoran como una herencia.

Entretanto, el significado de las obras de Rivas se abre como un abanico. El espectador se identifica con la vulnerabilidad, la incertidumbre, el desasosiego; se reencuentra con sensaciones íntimas o familiares, con el torpe empecinamiento y la persistencia ciega; con el temor a lo siniestro que inmoviliza y la inquietud que provoca lo ineluctable. Con su breve metamensaje la obra plantea dudas sobre la aceptación del devenir de las cosas y la condición cambiante y azarosa del destino. La artista toca la sensibilidad y abre camino a la interpretación, el propósito de su producción es amplio y abarcativo: "Adjetivar cualidades en cierta acción temporal".

Zabala
destaca que la materia que trabaja Silvia Rivas es el tiempo. Pero el tiempo como lo entiende Borges, quien sostiene que la materia del hombre es el tiempo (y no el sueño como Hamlet), cuando afirma: "El tiempo es la sustancia de que estoy hecho". De acuerdo a este concepto, Borges considera que el destino [...]"no es espantoso por irreal; es espantoso porque es irreversible y de hierro".

En un espacio destinado a los dibujos, los reiterados y obsesivos grafismos parecen repetir la trayectoria de los vuelos de las moscas. El dibujo se percibe como un rastro ordenado, suave y brumoso, pero también denso o cargado de furia y violencia, dato que se torna perceptible cuando el grafito deja su huella al clavarse sobre el papel. El torbellino de las líneas circulares se escapa del cuadro, se prolonga errático en la pared. Allí, sobre el muro, el gesto se va cerrando hasta formar una nube absolutamente negra.

En la última videoinstalación, Rivas limita el movimiento y muestra un mundo quieto y estable. La escena es encantadora, no obstante, la sensación de lo siniestro perdura. La relación de esta visión idílica se conecta con el resto de las obras a través del sonido: el ominoso zumbido de una mosca.

Sobre una mesa blanca hay un cuenco que contiene leche, la luz intensa y dorada del mediodía atraviesa unas cortinas también blancas que apenas se mecen. Frente a esta escena ralentizada, la analogía con la pintura -con la pintura flamenca, por la luz- se establece de inmediato.

Rivas ha cerrado un capítulo y presenta en su última obra las cualidades que hoy comparten la pintura, la fotografía, el cine y el video. El teórico David Oubiña señala un fenómeno muy actual, observa que "resulta interesante constatar que buena parte del arte moderno, tan marcado por el signo del cine, no se interesa por la ilusión del movimiento sino por su manipulación y su deconstrucción".

La vertiente de las futuras obras de la sensitiva artista es todavía un enigma, pero la naturaleza estática de "Daño inminente" -así de llama la imagen del cuenco frente al ventanal-, pone en evidencia el diálogo que entabla el video con el tiempo detenido de la pintura.

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