Periodista: "El nombre" alude al destino que algunos padres desean para sus hijos al momento de bautizarlos. ¿Ustedes por qué se llaman así?
Alexandre de la Patellière: A mi madre le encantaba el cine ruso, y la gran película de su juventud fue "Aleksandr Nevsky". Pero no me parezco para nada a su príncipe ruso.
Matthieu Delaporte: Mi historia no tiene ninguna gracia. Soy el cuarto hijo de una familia católica. Iban a bautizarme Sebastián, como el mártir cristiano, pero a último momento cambiaron de idea y me llamaron Mateo, porque parece que el Evangelista tuvo un final más tranquilo.
P.: ¿Cuánto hace que trabajan juntos?
A. de la P.: Desde 1997. Yo era asistente de dirección en "Arlette", película de gran presupuesto de Claude Zidi. Durante un descanso, vi por los monitores del estudio a un chico intentando suicidarse en una bañera.
M. D.: Era mi primer corto, "Musique de chambre". Pedí que me prestaran la isla de edición para hacer el montaje por mi cuenta, me dijeron "sí, cuando no haya nadie", pero evidentemente toqué lo que no debía y la imagen salió por los monitores.
A. de la P.: Corrí por todas partes para evitar el suicidio y resulta que era una ficción. Ahí nos hicimos amigos. Él escribía sketchs, yo había escrito unos episodios de la serie del inspector Maigret que producía y ocasionalmente dirigía mi padre.
P.: ¿Se refiere a Denys de la Patellière, el de la bélica "Un taxi para Tobrouk"? Es una figura histórica del cine francés.
A. de la P.: Y me tuvo a los 50 años. Bueno, con Matthieu empezamos a escribir juntos. Lo mejor fue "El inmortal", con Jean Reno, también llamada "22 balas". El director Richard Berry nos propuso adaptar la novela, que se basaba en hechos reales. Tomamos éstos y la novela, reinventamos la historia, y al final el director tuvo que ayudarnos.
P.: ¿Y con "El nombre"?
M. D.: Escribí la pieza y tuvo éxito. Todavía estaba en cartel cuando pensé hacer la película. La hicimos apenas bajó, y con el mismo elenco, salvo Michel Dupuis que ya tenía otros compromisos. Lo reemplazamos por Charles Berning, que para los franceses encarna la imagen del "gauche bobo", del izquierdista "bourgeois-bohème".
P.: ¿Le cambiaron algo?
M. D.: La obra teatral empieza con una voz en off y al final cuenta en off cómo se resolvió todo. Nosotros lo mostramos. En el fondo es lo mismo. La gran decisión fue hacer todo lo demás en un espacio cerrado, sin miedo, porque la idea era quedar hasta el final con los personajes. Tuvimos en cuenta muchas adaptaciones, y nos sorprendió el éxito de muchos directores que no temieron trabajar en espacios cerrados.
A. de la P.: Lo importante es la historia. Despertar el interés, mantenerlo. Luego, también era importante que el público olvidase la cámara. Hay como 2.000 planos, muchísimos, el asunto era que la cámara no perturbase. Que fuera discreta. Es lo más difícil en un "huis-clos".
P.: Usted dice "la cámara". ¿Era apenas una?
M. D.: Eran dos, moviéndose por un estudio de los suburbios, en un decorado tan bueno que nos parecía estar en un departamento real.
A. de la P.: Apenas terminamos hicimos la primera proyección con público, estudiamos su reacción, y eso nos permitió corregir algunas cosas antes del lanzamiento masivo. La vimos mezclados con el público, no necesitamos escondernos porque total no nos conocía nadie.
P.: ¿Y ahora que son conocidos?
A. de la P.: Uno de nuestros westerns favoritos es "Rio Bravo", que transcurre en un escenario mínimo. Lo que significa...
M. D.: Que el próximo film es la adaptación de un policial que transcurre casi todo en una habitación. No sé si lo haremos por cábala, o porque somos medio masoquistas.
| Entrevista de Paraná Sendrós |


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