Viendo qué sucedió en los otros mercados durante lunes y martes es para lamentar que no se hubiera decretado una Semana de Mayo con motivo del Bicentenario y -de paso- seguir evitando un regreso al circuito, teniendo que actualizar semejantes descensos en el exterior. Dos fechas donde sacarla «barata» era perder en torno de un 2% y que, ya en la región de ayer, se dilató para varios de los índices. En Europa, casi todos en porcentual cercano a un 3% de caída; en el vecino San Pablo, un 2,5%, sumándose a los retrocesos también marcados del lunes. En términos globales, a mano alzada, se puede considerar que en dos ruedas existió una rebaja conjunta que fue de un cuatro a un cinco por ciento. Y en apariencia, sin atisbos de repuntes que ayudarán a alivianar la imagen de un camino vertical, apresurando la búsqueda de algún piso que resulte -al menos- una meseta y la llegada del fondo del pozo. Que resulta lo más deseable, si bien resulta crudo decirlo, para que al tocar cierto nivel de profundidad y una zona donde se consideren «precios viles», el comprador de alto riesgo comience a ingresar.
En términos simples: el vilipendiado «especulador», que es el que sale a colocarles el pecho a las balas de la oferta. Aun cuando cierto «pánico» alimente ventas, el cambio se va produciendo en tiempo y forma y se genera la etapa de «acumulación» de posiciones, hasta secar al mercado.
Determinar dónde está la línea de corte es lo imposible de fijar con precisión, pero mejor es abreviar tiempos y acortar agonías. En contexto severo nos reincorporamos; lo mejor que puede ansiarse es que en tercera fecha se produzca mejor rueda afuera y no haya que pagar toda la cuenta pendiente. La Bolsa, con miedo.
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