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Entre Freud y la picaresca global
El cine checo tiene buenos ejemplos de picaresca, pero el director de «Amores de diván» prefirió un estilo de film indie norteamericano políticamente correcto y menos carnoso y divertido.
Un psiquiatra que seduce a sus pacientes bonitas, no sabe manejar la relación con la esposa embarazada (¿de otro?), y vuelve a casa de mamá, que fantasea respecto del padre, y donde el hermano mayor toma el control, es un asunto debidamente atrayente para consultores de Freud y amigos del género picaresco. Por ahí vamos bien.
Quien va mal es el doctor, que intenta justificarse con la excusa hormonal propia de la especie. Además, pobre hombre, todas las rubias son iguales y es lógico que se confunda. Pero algunas seducidas desconfían de sus razones para alejarse de ellas una vez terminada la sesión. Tampoco le tiene confianza el colegio médico, que le quita el título habilitante. La única que lo respalda es la mamá. En cambio, la esposa se cansó de entenderlo y ahora se entiende con otro tipo más serio, así como la cuñada se entiende con el empleado menos serio de su marido. En fin, a cada cual lo suyo, y la mujer ajena.
La película es checa, lo que predispone a favor. Durante generaciones, incluso bajo el régimen comunista, y a veces hasta en obras de fondo dramático, los checos han sabido desarrollar la picaresca: «Trenes rigurosamente vigilados», «Tijeretazos», «El lento atardecer de un fauno», las más cercanas «Kolya» y «Yo serví al rey de Inglaterra», son buenos ejemplos. Una lástima, que el director debutante Jan Prusinovsky parezca haber tomado otros ejemplos y tienda a un tono aséptico, menos carnoso y divertido, y poco afectuoso con su propio personaje. Y si el mismísimo autor no parece quererlo, ¿cómo podrá caernos simpático ese mujeriego compulsivo? Tampoco el protagonista hace mucho por ostentar algo del verso y sex-appeal ineludible que justifique tantas conquistas. Tal como están, el tipo es apenas un pavote en crisis, y la película parece una indie americana políticamente correcta (aún más, si estuviera doblada al inglés casi creeríamos que es americana). Bueno, quizás eso es precisamente lo que el director buscaba. En ese sentido, es bastante lograda, incisiva, e insípida. Características de la globalización, que le dicen, y que a muchos les gusta.
P.S.


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