18 de diciembre 2009 - 00:00

Entre sospechas, Taiana se quejó frente a Hillary

Jorge Taiana
Jorge Taiana
En la hierática medianoche de Copenhague, con temperaturas bajo cero, el canciller Jorge Taiana le trasmitió a la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, el malestar oficial por los dichos de Arturo Valenzuela sobre la falta de «seguridad jurídica» en el país.

Fue, hasta ayer, el contacto político de más alto nivel entre la Argentina y Estados Unidos luego del tempestuoso paso de Valenzuela por Buenos Aires, entre parrafadas críticas y cumbres, inoportunas, según el Gobierno, con referentes de la oposición como Julio Cobos y Mauricio Macri.

Luego de exponer en la Cumbre sobre Cambio Climático, en Dinamarca, Taiana le expresó a la funcionaria de Barack Obama que fueron «muy poco afortunadas» las manifestaciones de Valenzuela «y demuestran su desconocimiento de la realidad de la Argentina».

En ese breve contacto privado, el canciller ratificó los argumentos públicos contra la «intromisión» de Valenzuela y coronó una larga y agitada jornada de críticas -a la ola de voceros K se plegó Ricardo Alfonsín- y señales de distensión de EE.UU.

El propio Valenzuela, desde Montevideo, trató de desandar sus dichos al sostener que sólo repitió lo que le dijeron. Y, se sobreexplicó, que eso «no es lo que yo necesariamente pienso». Con el mismo libreto también intervino, para descomprimir, la embajadora en Buenos Aires, Vilma Martínez.

Nudos

Así y todo, en medio de la lluvia de reproches encendidos, el Gobierno no lograba desanudar anoche el núcleo del conflicto, embretado en el dilema sobre si las palabras de Valenzuela responden a una línea de acción específica digitada por la Secretaría de Estado.

Las sospechas invitaban a presumir que el episodio era un mix entre un -supuesto- error del enviado de Obama, inimaginado para un funcionario con años de política exterior, y una postura oficial de la gestión Obama, producto del lobby de empresas de EE.UU radicadas en el país.

En rigor, días atrás, la embajadora Martínez bosquejó, en un reportaje, la referencia sobre la falta de seguridad jurídica que anteayer, con otro impacto y otra dimensión, repitió Valenzuela.

La presunción de un error requiere, entonces, asumir que ambos se equivocaron por igual. Y que, además, la embajadora Martínez ratificó, con su silencio, sus planteos sobre falta de certezas para la inversión al no responder una carta enviada por la Cancillería.

El viernes pasado, desde el Palacio San Martín, se le giró a la diplomática una nota para que dé precisiones sobre por qué consideraba que había inseguridad jurídica en el país, tal como había afirmado en declaraciones a un medio del interior del país. Nunca, al menos hasta anoche, Vilma Martínez acusó recibo de ese texto.

Los elementos, conjugados, que inducen al Gobierno a suponer que se trató de una embestida manifiesta se sostienen en otro hecho. En las charlas que Valenzuela mantuvo en privado con Aníbal Fernández y la canciller Victoria Tacceti, no mencionó el tema.

Así y todo, la construcción del relato oficial, que anteanoche había anticipado Florencio Randazzo, prefirió visualizar a Valenzuela como el responsable exclusivo, como si ese funcionario hubiese actuado por la suya. «Por la libre», en el lenguaje setentista.

De allí que Fernández, el embajador argentino en Washington, Héctor Timerman, y el ministro de Economía, Amado Boudou, hayan descargado su artillería fulminante sobre el chileno calificando como «inoportunos», «desafortunados» y «lamentables» sus dichos.

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