Entre tarimas y sobremesas, el PJ se resigna a la unidad

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El show de Avellaneda, que los clanes K gestaron como un gesto de fortaleza, produjo el efecto contrario: la semicerteza, que trasluce la foto del sábado, de no estar en condiciones de subirse al ring del PJ, el propósito que animó originalmente el encuentro.

La ausencia de Cristina de Kirchner -estuvo en la primera agenda pero se descartó rápido- y de Máximo Kirchner visibilizaron que, al menos la familia K, no cree oportuno ponerse todavía al frente de "la resistencia". La delegada fue Alicia Kirchner que cerró la ronda de oradores, pantalla que pretendía Jorge "Coqui" Capitanich.

El chaqueño busca emerger como una figura que exprese al poskirchnerismo pero sin quedar atrapado en La Cámpora. En la matriz primaria de la cumbre de Avellaneda, que motorizó también Jorge Ferraresi, el alcalde local, estaba esa idea: la vindicación de Cristina como conductora pero sin la mediación, incómoda y tóxica, del neocamporismo. Capitanich perdió esa pulseada y, en un gesto de autonomía, se mostró en Moreno con Walter Festa, uno de los caciques del PJ-La Cámpora que reporta a José Ottavis.

El diputado provincial, que ayer apareció en la mesa de Mirtha Legrand con su novia Victoria Xipolitakis, fue otro de los varios ausentes de la juntada de Avellaneda: hubo muchos ex (ministros, funcionarios, candidatos) y pocos intendentes y legisladores, los portadores -en el pragmático lenguaje peronista- del poder. Un puñado chico de alcaldes, una gobernador y algunos diputados no parecen un menú tentador para lanzarse a la aventura de una interna partidaria costosa, caótica y sinuosa, donde el premio mayor puede no ser un premio.

El acto K de Avellaneda, más allá de la épica y la juntada de dirigentes, emerge como la última pieza para algo que se entrevé hace semanas: detrás de las parrafadas y las escenificaciones, el peronismo se encamina, con resignación y casi sin alternativa, a sellar la unidad, seguramente detrás de la figura de José Luis Gioja, aunque Capitanich seguirá agitando la rebeldía y, con agenda propia, Guillermo Moreno continuará sus rondas ante militantes y juntando avales para anotar una boleta ante la junta electoral partidaria.

El armado de Avellaneda, que tuvo a Daniel Scioli en la apertura, tampoco sirvió para resolver la microinterna de los ultra K que pretendían levantar el nombre del ex candidato presidencial como "candidato de unidad" para el PJ, apartando a Gioja y a Capitanich. Esa maniobra se atribuyó a Eduardo "Wado" de Pedro, con el guiño de Máximo K, dirigentes que semanas atrás estuvieron en La Ñata, la quinta de Scioli en Tigre. Pero el bonaerense no aparece, hasta acá, como una herramienta para juntar a las distintas tribus del peronismo bonaerense: los alcaldes del conurbano, que vieron a Gioja el jueves, tienen su propio esquema que no sintoniza con los que, en paralelo, exploran La Cámpora, y de Fernando Espinoza, presidente del PJ provincial, dos terminales que derivan o surgen de Scioli.

Así y todo, las fotos de las últimas dos semanas y lo que dejó el encuentro de Avellaneda, vuelven a desinflar la tesis de un enfrentamiento por la conducción partidaria. La Junta que preside Hugo Curto sigue con los trámites formales pero esperan que, post Semana Santa, se aceleren las negociaciones para armar una sola boleta que incorpore, con cierto equilibrio, a todos los sectores.

"No podemos dejar a nadie afuera" repite Gioja como un mantra. "Estamos demasiado débiles como para hacer cualquier tontería" lo traduce un operador que se sienta en la Junta. La duda que aparece, una vez más, refiere a qué harán otros actores: se sabe que Eduardo Duhalde está interesado y podría accionar en la Justicia, lo que podría derivar en que María Servini de Cubría disponga una intervención.

Pablo Ibáñez

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