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Enviado del FMI llega hoy con un mensaje: “Aprovechen oportunidad”
Nicolás Eyzaguirre
Eyzaguirre hablará hoy a las 12, inmediatamente después de que lo haga el presidente del Central, Martín Redrado, con quien ya tiene agendado un encuentro a solas para las 18. Apenas quince minutos después está prevista la presencia de Amado Boudou en el Hotel Alvear, por lo que es más que seguro que se produzca al menos algún cruce informal entre el ministro de Economía y el hombre del FMI.
No está confirmado si se realizará alguna audiencia formal, aunque es lo más probable. En el medio de ambos hablará Mario Blejer, casi una metáfora del actual momento. El asesor «informal» de Boudou y vicepresidente del Hipotecario es uno de los que más fuerza hacen públicamente para que la Argentina «normalice» sus relaciones con el FMI (ayer por la tarde, se reunió con Boudou en Economía para analizar los pasos por seguir).
El chileno también participará del almuerzo que organizó Susan Segal, titular del Council, para cuando finalice el evento. Allí estarán el anfitrión por la Argentina, el presidente de la Cámara Argentina de Comercio (CAC), Carlos de la Vega, y una veintena de empresarios argentinos. Estarán los sponsors del encuentro y algunos ejecutivos de compañías líderes norteamericanas. Segal invitó personalmente ayer a Boudou a participar de esta comida, aunque el ministro recién le contestará hoy.
El último contacto formal de funcionarios argentinos con el director del departamento occidental del Fondo fue a fin de marzo pasado, durante la reunión anual del BID en Medellín. Un poco en broma y un poco en serio, había manifestado entonces: «Dominique (Strauss-Kahn) quiere ser presidente de Francia y yo aspiro a la presidencia en Chile. No pensamos pelearnos con nadie, y mucho menos con ustedes», les dijo al entonces ministro de Economía, Carlos Fernández, y a Redrado.
Pero más allá de cuestiones personales, el FMI llega a la Argentina sabiendo que tiene un cliente potencial, que más allá de todas las idas y vueltas y los discursos encendidos de los últimos años, es un excelente pagador.
La crisis global que se terminó de desatar con la caída del gigante financiero Lehman Brothers volvió a posicionar al Fondo en un rol que prácticamente había perdido: además de auditar las cuentas fiscales, se transformó en el «bombero» que llega a apagar incendios de aquellos países con problemas en el balance de pagos. Esta función, a partir de la fuerte capitalización que recibió en los últimos meses por parte de los países desarrollados, la está implementando en particular con varios países de Europa del Este. No dudó en prestar miles de millones de dólares en los últimos meses contra el compromiso de ajustes relativamente ortodoxos, aunque lejos de las condicionales estructurales de la década de los 90.
Rumania, Ucrania, Hungría, Belarús, Bosnia y Herzegovina firmaron en los últimos meses acuerdos stand-by, al mejor estilo de los 90 en la Argentina, para acceder a fondos frescos que les permitan estabilizar las cuentas públicas y los debilitados sistemas financieros. En cambio, países que se encuentran mucho más sólidos como Colombia, México y Polonia suscribieron la nueva Línea de Crédito Flexible (FCL, según las siglas en inglés), que implica la posibilidad de acceder a créditos, pero sólo en casos de emergencias. Se trata, en realidad, de una línea preventiva.
Pero la relación entre el Gobierno y el FMI están todavía a años de luz de definiciones de estas características. Lo que probablemente quede claro en las próximas horas no es un dato menor. Deberá quedar establecido en qué consiste el acercamiento que desde el propio Ministerio de Economía propician con el organismo.
La alternativa que reclaman los inversores es que la Argentina se someta al artículo IV del organismo, es decir, a una revisión completa de sus cuentas públicas y la marcha de la política económica. Las conclusiones que realiza el staff del FMI no son vinculantes. Pero el principal escollo para esta auditoría, que no se hace desde 2006, es la falta de transparencia en la información estadística, más allá de las promesas de Boudou de arreglar el INDEC.
Un «artículo IV» serviría como carta de presentación ante la comunidad internacional y facilitaría el retorno a los mercados de crédito.
Otra posibilidad, que implementó Turquía, va más allá, pero tendría aún mayor costo político: acordar un nuevo acuerdo del estilo stand-by, pero sin firmarlo. Sólo sería rubricado en caso de que el país precise acceder a financiamiento fresco. Pero Néstor Kirchner es, en este punto al menos, contundente: prefiere, sin embargo, seguir «raspando la olla» y financiarse con organismos estatales antes de acudir al auxilio del FMI.


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