Otra vez, dos partidos en un solo partido. Como ante Inglaterra, lo mostrado ante Gales tuvo dos caras. Por un lado, lo hecho en el primer tiempo: si bien el equipo tuvo una desventaja de 20 puntos -y eso es insoslayable- no se jugó mal. No, en líneas generales. Tras un arranque a pura defensa, poco a poco, mediante buena posesión de pelota y aun jugando sin profundidad, yendo al piso en vez de intentar jugar de pie, con más arrestos individuales que juego asociado... así y todo, el equipo se pudo establecer en campo galés con prolijidad y paciencia en cada fase ejecutada. Pero no siempre se tomó la mejor chance para jugar la pelota, pues hubo fallas y lentitud en la toma de decisiones, en la gestación. Si a eso se le suman las imprecisiones, errores no forzados y los penales tontos, derivó en lo que terminó: un equipo galés que aun defendiendo bastante mal (erraron 13 tackles en esa primera mitad... un despropósito) tomó todas las oportunidades de anotar que tuvo -casi todas, por errores ajenos más que por virtudes propias- salvo el try de North.
Lo del segundo tiempo, sí, fue definitivamente malo. El equipo argentino perdió el eje, fue completamente superado en todas sus líneas, falló la defensa -otra vez- y casi no tuvo chances de hacer nada más que devolverle la pelota al contrario, que jugó el resto del partido sin presiones gracias a la ventaja obtenida.
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