Escalandrum llegó a las ligas mayores

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Presentación de «Piazzolla plays Piazzolla». Actuación de Escalandrum. Con N. Guerschberg (piano), M. Sívori (contrabajo), G. Musso (saxos alto y soprano), D. Fogiel (saxo tenor), M. Pantyrer (clarinete bajo y saxo barítono) y D. «Pipi» Piazzolla (batería). Invitados: P. DRivera (saxos, clarinete) y S. Rinaldi (voz). (Gran Rex, 15 de junio). 

Unos cuantos años y varios discos hicieron falta para que finalmente Escalandrum dedicara íntegramente un álbum a la obra de Astor Piazzolla. Con su nieto en la batería y en la conducción espiritual del sexteto, con una estética mucho más emparentada con el jazz -terreno en el que ya tienen bien ganados diplomas- y con la sana intención de no aprovecharse del apellido, hasta ahora apenas habían incluido en su repertorio una obra -»Escualo»- del gran compositor marplatense.

Y si fue fuerte la idea de encarar un cuerpo de piezas que en su ligazón con lo tanguero proponen en principio menos espacio para la improvisación jazzística, lo fue más aún el elegir el enorme Gran Rex. Por eso, es bien entendible la gran emoción que manifestó Pipi Piazzolla -voz parlante de Escalandrum- varias veces a lo largo de un show; como lo fue la de muchos amigos y parientes que acompañaron a estos músicos, más habituados a tocar en bares y pequeñas salas.

El concierto tuvo un aditamento a la altura de la situación, y fue la presencia como invitado especial del cubano Paquito DRivera quien, después de permanecer tres días varado en Lima -las cenizas son parte cotidiana de nuestros comentarios- pudo finalmente llegar a tiempo. Escalandrum presentó prácticamente todo el material de «Piazzolla plays Piazzolla», un CD que comentamos en esta página y que mezcla obras bien conocidas -»Adiós Nonino», «Buenos Aires hora 0»- con otras mucho menos escuchadas -»Vayamos al diablo», «Romance del diablo»-. En el vivo, como en el disco, el sonido «saxofónico» del grupo se acomodó perfectamente a este repertorio y como ha sucedido siempre a lo largo de la historia musical de Escalandrum, fueron siempre lucidos los respectivos solos que se fueron escuchando en los «permisos» improvisatorios que se tomaron con la obra «del abuelo».

Paquito -un gran histrión además de un saxofonista y clarinetista brillante- marcó una presencia muy fuerte en toda la sección central del concierto. Y fue parte fundamental, con sus solos y su aura, en «Oblivion», «Tanguedia 1», «Milonga for Three», «Finale», «Años de soledad», su propia «I Love Dizzy» y, ya a la hora de los bises, en «Libertango» y «Misterioso» del pianista del sexteto Nicolás Guerschberg. Nada será igual para Escalandrum después de este Gran Rex, que los puso a jugar en las ligas mayores. Como solistas y como parte de un grupo bien consolidado dieron este paso de convocatoria con la música de Piazzolla pero tienen un pasado que los respalda. Y la presencia de Susana Rinaldi como invitada especialísima para cantar «Siempre se vuelve a Buenos Aires» -Piazzolla/Blázquez- fue la frutilla de una torta que dejó a todos bien satisfechos.

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