16 de enero 2009 - 00:00

Escándalos de gabinete complican ya a Obama

El último 5 de enero Barack Obama se mostró con el hombre que designó para manejar la economía durante su gobierno, Timothy Geithner. Un problema por impuestos impagos y otro por la contratación de una empleada doméstica indocumentada dificultan su confirmación parlamentaria.
El último 5 de enero Barack Obama se mostró con el hombre que designó para manejar la economía durante su gobierno, Timothy Geithner. Un problema por impuestos impagos y otro por la contratación de una empleada doméstica indocumentada dificultan su confirmación parlamentaria.
Washington - En los apenas diez días que han pasado desde su traslado definitivo a Washington, el presidente electo de Estados Unidos ha podido experimentar un ensayo de los continuos dolores de cabeza que conlleva el cargo que jurará el martes.
A Barack Obama se le acumulan los problemas. Y el último toca de lleno una de las piezas principales de su engranaje de Gobierno: Tim Geithner, elegido para ocupar una Secretaría del Tesoro que tendrá que lidiar con la mayor crisis económica en décadas. La prensa ha destapado que Geithner no pagó parte de sus impuestos durante tres años, y que contrató como ama de llaves a una inmigrante sin permiso de trabajo.
El Comité de Finanzas del Senado pospuso antes de ayer por segunda vez el inicio de su proceso de confirmación, que se celebrará el próximo miércoles. El retraso fue solicitado por los senadores John Kyl y Jim Bunning, escudándose en un defecto de forma, pues la sesión de confirmación no fue anunciada con la semana de antelación que requieren las normas. No obstante, pocos dudaban de que la verdadera razón del movimiento de Kyl y Bunning era ganar tiempo para llevar a cabo un profundo escrutinio de las finanzas de Geithner.
Según The Wall Street Journal, el impago de los impuestos relativos a la Seguridad Social sucedió entre 2001 y 2004, cuando Geithner trabajaba para el Fondo Monetario Internacional. En total, dejó de abonar 34.000 dólares. No obstante, cuando una auditoría detectó la falta, Geithner pagó el importe correspondiente, además de la debida penalización.
Justificación
Tanto el propio aspirante a secretario del Tesoro como el equipo de transición de Obama han atribuido el asunto a un error, y han subrayado que se había corregido tan pronto como se detectó. «Él cometió un error habitual en sus impuestos, y no era consciente de que el permiso de trabajo de su ama de llaves a tiempo parcial había caducado tres meses antes. Esperamos que pueda recibir un fuerte apoyo de ambos partidos y pueda empezar ese importante trabajo para el país», declaró Robert Gibbs, portavoz de Obama.
El contratiempo impedirá que Obama cuente con su secretario del Tesoro cuando asuma la Presidencia el 20 de enero. Una demora excesiva en la confirmación de Geithner sería especialmente perjudicial dada la crisis que atraviesa el país.
El de Geithner es el último de una serie de traspiés experimentados por el equipo del presidente electo, que contrastan con la impecable campaña electoral, sin apenas errores, que llevó a cabo durante casi año y medio. Y es que gestionar la Presidencia de un país como EE.UU. es mucho más complejo que hacerlo con una campaña electoral en la que, hasta cierto punto, los asesores del candidato pueden controlar los acontecimientos.
El primer dolor de cabeza que sufrió Obama inmediatamente después de aterrizar en Washington fue la renuncia de Bill Richardson, a quien había escogido como secretario de Comercio, debido a una investigación legal en curso por su relación con una empresa californiana. Por el momento, Obama aún continúa buscándole un sustituto.
No pasaron demasiadas horas hasta la aparición de la siguiente jaqueca de Obama. Provenía, como el propio presidente electo, de Illinois: la elección de Roland Burris, un respetado jurista afroamericano, para ocupar el escaño de senador que quedó vacante tras la victoria demócrata de noviembre.
Obama, como el resto de líderes demócratas, rechazó el nombramiento de Burris por considerar que su legitimidad se veía mancillada por el hecho de haber sido elegido por el gobernador Rod Blagojevich, procesado por un caso de corrupción relacionado con la venta de ese mismo cargo. Sin embargo, con la ley de su lado, Burris desafió el boicot del establishment demócrata y se desplazó a Washington para ocupar su escaño. Finalmente, tanto Obama como los líderes del Senado sufrieron la humillación de tener que retractarse públicamente y aceptar a Burris en el Capitolio.
Olvido
Quizás el error más estúpido hasta ahora del equipo de transición fue no notificar a los líderes demócratas en el Senado, especialmente a los miembros del Comité de Inteligencia, la elección de Leon Panetta como director de la CIA. Ante la reacción hostil de varios de sus ex colegas, que anticipa un proceso de confirmación movido, Obama tuvo que disculparse por el olvido.
Si a todo ello le añadimos las críticas que le han llovido desde varios frentes, pero muy especialmente del mundo árabe, por su controvertido silencio respecto de la crisis de Gaza, es fácil concluir que Obama ha podido ya catar un aperitivo de lo que le espera en los próximos cuatro años en la Casa Blanca.

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