23 de marzo 2011 - 00:00

Escasas precipitaciones marchitan la soja

Alarma y confusión generó entre asesores técnicos y productores entrerrianos el prematuro marchitamiento de la soja en distintos puntos de esa provincia ocurrido en los últimos días.

El fenómeno, en principio, obedece al déficit hídrico que padeció la oleaginosa, en especial la de segunda. A esa falta de agua, además, se sumaron otros elementos como la gran población de trips (plaga) que atacó los cultivos.

Esa es la primera conclusión a la que llegó una treintena de técnicos de entidades públicas y privadas protagonistas de un taller desarrollado en la sede de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos en donde se analizó el marchitamiento de las sojas.

La reunión de los profesionales apuntó a analizar las causas del fenómeno para explicarlas luego a los productores, quienes, ante un hecho poco usual, están preocupados y demandan información precisa.

Daniel Volpe, asistente técnico de la Regional Paraná de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), explicó que el marchitamiento se dio fundamentalmente en sojas de segunda implantación y en aquellas sojas de primera con algún problema de manejo, y en general se coincidió que obedeció a la deficiencia de agua, además de otros factores. Las sojas de segunda, precisó, se sembraron con poca humedad -los suelos estaban prácticamente secos- y emergieron de manera irregular.

Luego, entre mediados de enero y mediados de febrero, llovió bien en toda la provincia y eso permitió a la planta generar «una muy buena área foliar» que «no se condijo con el crecimiento de la raíz», precisó Volpe, por lo que crecieron con «una desproporción» entre la parte aérea y la radicular.

Muchos lotes, incluso, cargaron una gran cantidad de vainas.

Cuando a mediados de febrero cesaron las lluvias, además, se registraron temperaturas muy altas y humedades del ambiente muy bajas que generaron una alta demanda ambiental para una planta con mucha cantidad de hojas y raíces muy chicas.

A esto, a su vez, se sumaron los trips, cuyo daño es difícil de cuantificar. Esta plaga, coincidieron los técnicos, influyó pero «no es la causa puntual» del problema.

Lo fundamental, remarcó Volpe, es «el comportamiento ambiental de las lluvias, que es difícil de prever». Gracias a aquellas precipitaciones de la segunda quincena de enero y la primera de febrero, las plantas desarrollaron un gran follaje y fijaron muchas chauchas, pero con una raíz muy chica.

El porcentaje del cultivo afectado por este marchitamiento no ha sido cuantificado, pero los técnicos intentarán estimarlo.

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