17 de septiembre 2014 - 00:14

Escocia se acerca a su día más esperado entre amenazas extravagantes

• MEDIO MILLÓN DE INDECISOS, QUE SERÁN CLAVE MAÑANA, AFRONTAN UNA CAMPAÑA CONTRA LA INDEPENDENCIA BASADA EN EL MIEDO

Miles de nacionalistas escoceses se congregaron ayer en el centro de Glasgow, en la recta final del referéndum de mañana sobre la independencia. Las encuestas señalan un leve predominio del “no”, pero queda un número significativo de indecisos.
Miles de nacionalistas escoceses se congregaron ayer en el centro de Glasgow, en la recta final del referéndum de mañana sobre la independencia. Las encuestas señalan un leve predominio del “no”, pero queda un número significativo de indecisos.
Quedarse sin dinero, sufrir un masivo éxodo de bancos y empresas, perder miles de puestos de trabajo y hasta olvidarse de sus obras de arte son sólo algunas de las amenazas que lanzó en las últimas semanas el Gobierno de David Cameron, apoyado por el establishment de Londres y hasta organismos internacionales, para disuadir a los escoceses de votar por su independencia.

Las conjeturas sobre el impacto económico de una eventual secesión, tanto para la nueva Escocia como para el Reino Unido, marcaron gran parte de la campaña para el referendo de mañana. Pero el sondeo de YouGov del 7 de septiembre, que por primera vez daba cuenta de una posible mayoría independentista, directamente transformó las advertencias en pronósticos apocalípticos.

El economista John Weeks, profesor emérito de la Universidad de Londres y contrario a la celebración del referendo, aseguró a Ámbito Financiero desde la capital británica "que las consecuencias económicas serán menores gane el lado que gane. Toda la discusión al respecto está destinada a asustar a los votantes escoceses", aseguró.

La campaña del miedo intentó hacer blanco en cerca de medio millón de votantes, que permanecen indecisos a apenas horas de la cita en las urnas, cifra suficiente para volcar un referendo que se anuncia de resultado muy apretado. Según la encuestadora Ipsos MORI, éstos son en su mayoría mujeres y jóvenes, y muchos de ellos votantes laboristas que miran con espanto las políticas de ajuste del Gobierno conservador-libera-ldemócrata.

Así, primero fue el conservador Cameron quien alertó sobre un éxodo de empresas y sobre los daños que provocaría a Escocia perder la libra como moneda. Luego varias grandes compañías, como Shell y BP, y los principales bancos -Lloyds, Tesco, Clydesdale y hasta el Royal Bank of Scotland, con sede principal en Edimburgo desde 1727- anunciaron su traslado a Londres. Finalmente, la City londinense tradujo el "clima de preocupación" en la mayor depreciación de la libra en lo que va del año y en la amenaza de una hecatombe en las Bolsas de toda Europa.

"Son amenazas políticas que no creo que asusten a nadie en Escocia", afirmó a Ámbito Financiero el periodista y escritor argentino-escocés Andrew Graham Yooll. "Históricamente el sistema bancario británico ha tenido una base sólida en Escocia, no creo que los banqueros estén pensando en tomarse el colectivo hacia Londres", agregó. "Como toda amenaza está bastante vacía, lo demuestran la real politik y la práctica histórica".

Pero si los malos presagios económicos no fueran suficiente, organismos internacionales también minaron los planes de los defensores del Sí.

La Unión Europea y la OTAN recordaron que una Escocia independiente deberá iniciar el proceso de adhesión como cualquier nuevo Estado. Y hasta la UEFA, la asociación de fútbol europeo, adelantó, acaso sin mirar el mapa del continente, que dejaría en suspenso a Glasgow como sede de cuatro partidos de la Eurocopa 2020.

Por una estrategia similar optó el museo de arte moderno y contemporáneo Tate de Londres, el más visitado del mundo, que sin más aclaró que la galería no devolverá las obras de artistas escoceses a una Escocia independiente. "No vamos a desmembrar una sección de arte y regresarla a Escocia", afirmó su director, Nicholas Serota.

El primer ministro escocés y líder independentista, Alex Salmond, no tardó en denunciar "la campaña alarmista" y la "intimidación" de Londres.

Más allá del cálculo político, que para Salmond da un resultado positivo sea cual fuere el resultado del referendo y a Cameron lo asoma al abismo de una salida del Gobierno impulsada por su propio partido en caso de que gane la independencia, la eventual secesión abre interrogantes sobre aspectos nada despreciables de la economía británica, que perdería de un tajo casi el 10% de su Producto con la salida de Escocia.

Están en discusión, entre otras cosas, los ingresos por la explotación del petróleo y gas del Mar del Norte. El 85% de esos yacimientos se encuentra en aguas que quedarían del lado escocés y que, de acuerdo con Salmond, serán el motor de la nueva Escocia, representando un 15% de su economía.

El reparto de la deuda pública británica (2,3 billones de dólares) y el futuro de la libra esterlina -que el líder escocés quiere mantener como moneda- son otros de los puntos en discusión que perturban los cálculos del Gobierno de Cameron y que, para observadores, han motivado en gran parte la campaña de temor económico. La otra motivación es política: el premier "tory" no quiere mirarse en el espejo de Margaret Thatcher, desalojada del poder en 1990 por una revuelta de sus partidarios.

"El mayor problema de la economía británica no es Escocia, es la política fiscal disfuncional del actual Gobierno", señaló Weeks. "Simpatizo con los escoceses que quieren deshacerse de eso", subrayó.

Dejá tu comentario