23 de enero 2009 - 00:00

Esperanza y desánimo, o la liebre y la tortuga

  • En estos tiempos el mercado asiste a una carrera entre las promesas del nuevo gobierno y la desesperanza de la crisis, donde la única forma que la primera supere definitivamente a la segunda es que los hechos la alcancen y le den un impulso decisivo. De alguna manera la jornada de ayer refleja esta parábola. Los buenos resultados que presentó Apple al cierre del miércoles y la noticia que los directivos del Bank of America (irónicamente John Thain terminó el día "renunciado") y el JP Morgan estaban comprando los valores de sus propias empresas, daban pie a esperar una jornada sino positiva al menos favorable en lo tecnológico y financiero. Es cierto que el brutal incremento de pedidos de seguro de desempleo (máximo en 26 años) y la inesperada caída en los permisos de construcción deprimieron un poco las operaciones a futuro, pero aun así el ánimo antes de la apertura no era enteramente "malo", sobre todo si tenemos en cuenta que se habían absorbido los malos balances, entre otros, de Nokia y Sony. Pero entonces se presentó la desesperanza, de la mano de los 2 centavos menos por acción que ganaba Microsoft. De ahí en más, todo quedó dicho. Como consuelo, el 1,28% que perdió el Dow cerrando en 8.122,8 puntos quedó lejos del 3,29% que perdía a mediodía. Para prestar atención: la suba del petróleo a pesar del incremento de inventarios, el enojo de China con Tim Geithner y los "buenos" números de Google.
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