10 de julio 2013 - 00:24

Espionaje y sueldos en cena con militares

Agustín Rossi
Agustín Rossi
Cristina de Kirchner comparte esta noche con los uniformados la Cena de Camaradería de las Fuerzas Armadas, tradicional liturgia castrense por el Día de la Independencia nacional. La cita es a las 21 en el Salón de Honor del edificio Libertador, sede del Ministerio de Defensa.

El discurso presidencial encontró un tema de actualidad, el affaire de la filtración del espionaje estadounidense que calza a la medida de los oyentes, en particular uno que sabe de qué se trata, César Milani, general de división, titular del Ejército Argentino y jefe de Inteligencia, organizador y anfitrión del agasajo. La Presidente insistirá con la receta que usó ayer en el acto de Tucumán, pedido de explicaciones a los Estados Unidos y búsqueda de unidad latinoamericana frente al desaire que sufrió el boliviano Evo Morales, cuyo avión fue retenido en la UE. El público militar y su entorno familiar, espectadores del canal oficial que transmitirá en directo la cena, esperan que la Presidente cumpla con el anuncio de aumento de sueldo. El pregón de pasillo habla del 24% escalonado en dos meses.

El auditorio de uniforme -los especialistas, se entiende- sigue por internet la evolución del escándalo que involucra ambientes de incumbencia de la Dirección Nacional de Inteligencia Estratégica Militar (DNIEM) dependiente del ministro Agustín Rossi. El terremoto actual que sacude el código de comportamiento de un agente merece atención; no hay agencia que esté libre de filtraciones.

El marino Jorge Godoy, exjefe la Armada, peregrina por tribunales federales tras la delación del cabo Carlos Alegre que en 2006 destapó la red de reunión de información en la base aeronaval Almirante Zar de Trelew, de la que también participaban topos de otras agencias estatales. También Nilda Garré soportó la lupa judicial por el denominado Proyecto X, el index de información que habría ejecutado la Gendarmería a instancias de requerimientos de Seguridad.

En noviembre de 2010, Milani entregó a la entonces ministra de Defensa, Garré, la lista de los agentes de Inteligencia del Ejército del período 1976 a 1983, 4.300 hombres y mujeres, con el detalle de sus nombres de cobertura, función y documento, amparado en el Decreto 4/2010 que desclasificó información secreta. Todo se hizo en nombre de la política de verdad y justicia que mezcló a agentes investigados y sospechados de violaciones a los derechos humanos con quienes nada tuvieron que ver. Arrastró a las otras fuerzas al mismo cadalso de exposición pública de personas que cumplían funciones secretas dentro de la legalidad. Con mejor fortuna que Edward Snowden, el excontratista de la NSA (National Security Agency, en inglés) que filtró información secreta de las operaciones de Estados Unidos, Milani recibió la jefatura del Ejército y aguarda que la Comisión de Acuerdos del Senado apruebe su ascenso a teniente general, máxima jerarquía del Ejército. En la nota de presentación que entró al Senado el 1 de julio pasado, firmada por Rossi y Cristina de Kirchner, se lee: "De la información suministrada por la Secretaría de Derechos Humanos surge que no se hallan antecedentes que vinculen al Oficial Superior propuesto, con causas por violaciones a los Derechos Humanos y/o por acciones contra el orden constitucional", aunque se sabe que puede haber impugnaciones por su participación en el Operativo Independencia.

Igual trámite de promoción a grados inmediatos superiores esperan los nuevos jefes del Estado Mayor Conjunto, de la Armada y de la Fuerza Aérea, quienes se ubicarán en la mesa central junto a la Presidente.

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