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Estados Unidos multiplica su mensaje de enojo hacia Lula
Luiz Inácio Lula da Silva
¿El tema? La cuestión nuclear iraní como marco, aunque los dardos de EE.UU. apuntaron a la utilización política que viene aplicando Brasil en el tema y a su ingenuidad frente a Teherán, sobre todo desde el 17 de mayo, cuando el Gobierno de Mahmud Ahmadineyad firmó un compromiso nuclear con el aval del brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y del premier turco, Recep Tayyip Erdogan, pero sin el guiño de la administración Obama.
Con un agravante: en el acuerdo suscripto en Teherán, si bien los iraníes acordaron enviar 1.200 kg de uranio para ser enriquecido en Turquía -bajo control de Naciones Unidas-, no se comprometieron a suspender totalmente ese proceso en su territorio, como pedían los cinco países integrantes del Consejo de Seguridad más Alemania.
Peor: «Desde octubre de 2009 a esta parte, de manera constante y sostenida, los iraníes duplicaron su stock de uranio enriquecido», dijeron en el Departamento de Estado. «Hoy, se estima que sus reservas estén por arriba de los 2.400 kg», y «serían más que suficientes para construir una bomba atómica», aseguró el viernes uno de los tres funcionarios del Gobierno estadounidense que en «conference call», y, liderados por el vocero del Departamento de Estado, PJ Crowley, respondieron -bajo condición de no difundir su nombre y cargo- las preguntas de los medios, entre ellos, Ámbito Financiero.
«Si nos hubiesen consultado, habríamos reaccionado (antes), pero fueron a Teherán y anunciaron el acuerdo», se quejó uno de los funcionarios de Obama, para luego hacer hincapié en que «Brasil no cree en que hay que presionar a Irán» y que, por el contrario, la administración Obama, que considera al acuerdo «inaceptable», ya se cansó de «invertir en el camino del compromiso con Teherán». Para recalcar que procedería, a partir de esta semana, con la aplicación de nuevas sanciones, la única manera, según EE.UU., de que «Irán se siente a la mesa para negociar seriamente».
Hubo más. Los funcionarios estadounidenses no escondieron su molestia frente a la difusión que el Gobierno brasileño hizo sobre una carta que Obama le envió a Lula con fecha del 20 de abril (una de tenor parecido fue simultáneamente enviada al premier turco), 27 días antes de la firma del acuerdo. Los brasileños dicen que en ella EE.UU. delegaba instrucciones para moverse con los iraníes. Desde Washington, en cambio, destacaron que la carta no era un instructivo para negociar y que jamás «les pedimos a los brasileños que lo hicieran en nuestro nombre». Como para que no quedaran dudas sobre su posición, en la «conference call», uno de los funcionarios resaltó que «desde febrero, Hillary Clinton venía discutiendo con el canciller Celso Amorim sobre el tema» y que «dejó claro que se debía poner fin al enriquecimiento de uranio al 20%», en referencia a lo que no firmó Irán en el acuerdo del 17 de mayo.
Más allá de si la carta que Itamaraty colocó en internet (es la segunda vez que Brasil difunde una carta del Gobierno de Obama: antes había hecho llegar a la prensa otra con el compromiso de Hillary de transferir tecnología de EE.UU. si las FF.AA. brasileñas compraban aviones cazas a Boeing), es una prueba de la delegación de poderes de Washington o un «talismán» que Brasilia esgrime para justificar haberse cortado sola, lo cierto es que la conferencia del viernes se centró en tirarle las orejas al Gobierno de Lula y no tanto al de Erdogan.
Quizás por eso ayer, el canciller Amorim se haya defendido: «Hay mucha gente decepcionada por los resultados que produjo nuestra política de diálogo». Y, respecto de las declaraciones de Hillary sobre las «muy serias divergencias» con Brasil, el funcionario afirmó: «Si ella las define como serias, tudo bem: es la opinión de ella».
Quien mejor salió de esta encrucijada espinosa fue el titular de la ONU, Ban Ki-moon, quien calificó al acuerdo del 17 de mayo como el «principio de una solución negociada», pero que la decisión de seguir enriqueciendo uranio al 20% por parte de Irán «mina su credibilidad».


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