5 de octubre 2015 - 00:00

Estados Unidos se enfría, pero Wall Street recalienta motores

Janet Yellen
Janet Yellen
¿Se enfría EE.UU.? Se esperaba la creación de 200.000 nuevos puestos de trabajo en septiembre y se registraron sólo 142.000. Se descontaba una revisión alcista que emprolijara las magras cifras de agosto, y hubo rectificación pero aún más hacia la baja: desaparecieron 59.000 empleos de las cuentas combinadas de julio y agosto. La tasa de desempleo se mantuvo, sí, aunque a costa de una merma pronunciada en la tasa de participación gracias a que se achicó la fuerza laboral. Los salarios, por último, no se movieron un ápice. Todo mal. Todo peor que lo esperado. Como pocas veces ocurre. Así, en pleno vendaval, los mercados quedaron expuestos a la intemperie. Sin siquiera el taparrabos de una hojita con números alentadores. ¿Las malas noticias son buenas nuevas? La primera reacción de Wall Street fue instantánea, previsible: una caída vertical. La segunda, la que perduró hasta el final, resultó memorable. La Bolsa -y los activos de riesgo- giraron en una baldosa con un alza furibunda. Una reversión así tiene pocos antecedentes. De los mínimos a los valores del cierre, el S&P500 trepó el 3%. En los futuros de Chicago, nada subió más que la plata y los metales. Y lo que más se hundió fue el índice VIX, un buen termómetro de la ansiedad. En la semana que el Instituto Internacional de Finanzas alertó sobre la salida rampante de capitales de las economías emergentes -primera vez desde 2008- revivieron las acciones de esos mercados tan castigados y le sacaron una nítida luz de ventaja al S&P500.

A quienes apostaron contra Wall Street -y ya son legión- el informe de empleo les dio la razón. Pero una cosa es tener razón y otra es ganar dinero. La apuesta "ganadora" -con medio mundo en ventanilla deseoso de cobrar- no se pudo efectivizar. No hubo quien la pague. Si todos están subidos al mismo bote -si el pesimismo cunde y dicta los precios- el riesgo es darse vuelta y zozobrar por exceso de peso. La imprevista resurrección vino de la mano de un apretón a las posiciones "cortas", aquellas vendidas a descubierto y que, pese a exhibir una constancia válida de las tribulaciones en EE.UU., no pudieron resistir el zamarreo y la ulterior embestida a contrapié. ¿Los últimos serán los primeros? Así sucedió el viernes. Las acciones más detestadas, las que registran el mayor nivel de ventas cortas, lideraron la ofensiva. Señal inconfundible del apriete en curso. Los papeles chinos que cotizan en Nueva York, por caso, repuntaron el 6,5% (con Shanghái y Schenzen en off por obvias diferencias horarias). La revancha de Wall Street se montó, pues, a contramano de un deterioro en los fundamentos, y sobre el lomo pujante de carteras posicionadas con un sesgo muy pronunciado a la baja; vulnerables por lo tanto a un reacomodamiento súbito en procura de balanceo. ¿Durará? Los rebotes de gato muerto pueden ser poderosos, pero se consumen solos. Ahora bien, si se toma por fallecimiento lo que constituye un desmayo, la historia es diferente. Así sucedió en las correcciones de 2010 y 2011. El exceso de pesimistas sobre optimistas, el jueves, era del 10%, una cifra crítica que favoreció la reversión espontánea. En 2011, el piso de la caída fue una lectura del 12%. En 2010 lo marcó un nivel del 8%. No será la última vez que se frustra lo que parece una ejecución sin riesgos -como si fuera un concurso de tiro al blanco- porque el disparo sale por la culata.

En última instancia, la pregunta clave es la de siempre: ¿esta viscisitud adversa que persigue a los mercados es una corrección o es el comienzo de un mercado bear ("bajista")? ¿Cuál es la tendencia de fondo? La Fed, a cargo de Janet Yellen, aprieta pero no ahorca. A los vendidos en corto se los puede apretar pero sólo hasta que logran cubrirse. La economía tiene la última palabra. Y nos debe la respuesta. ¿Se enfría EE.UU.? El informe laboral dice que sí, la medición de ADP de empleo privado dice lo contrario (y la correlación entre ambas es muy estrecha en el tiempo). Los anuncios de despidos sugieren una helada, pero los pedidos de subsidios de desempleo caen y caen, y están ya en un mínimo de quince años. La corrección bursátil es un hecho indiscutido. En cambio, el mercado bear es una hipótesis que no se puede corroborar ni refutar aún. El viernes tuvo la oportunidad de decir presente a viva voz, la mesa estaba servida para un flash crash, pero se asustó y huyó por la tangente.

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