4 de junio 2012 - 00:00

¿Esto se puede romper?

Diferentes escenarios, distintos protagonistas y la misma historia que se repite, River pierde en las instancias finales. Si no es por penales, es por un gol de cabeza en el último minuto, o un zapatazo de 30 metros en tiempo de descuento. Lo cierto es que a cara o cruz la moneda siempre cae para el otro lado. Los merecimientos no cuentan, y así, los que ganaron un solo partido pasan por penales a la final, y los que ganamos todos menos uno nos quedamos afuera por la misma razón.

La formación de River llevaba a una primera pregunta: ¿miedo o precaución? Por lo general, esas respuestas te las da finalmente el resultado; si ganás, fuiste precavido; si perdiste, fue de temeroso. Almeyda optó por respetar a los que venían jugando en la Copa y cuidar a los titulares para el campeonato que mayormente nos interesa y preocupa, el Nacional B.

A los 5 minutos un claro penal al Keko Villalva fue ignorado por el árbitro Toia, como todo lo que sucedió durante el partido. Porque los réferis, cuando son horribles para ambos lados invitan al descanso. Toia dirige desde muy lejos, sin autoridad, y saca tarjetas sólo si ve sangre.

-¡¡¡Penaaalll, penalazo!!! Ah, ¿no es penal? ¿Qué es entonces, decime qué es? Por favor, dirigen desde la casa, no ven un elefante en un ascensor, son horribles estos árbitros.

El equipo que fue a buscar el partido fue River; Racing se paró para salir de contra y buscar en una genialidad de Gio Moreno dejar mano a mano a algún delantero con Chichizola. Excepto Abecasis, que se complicó con y sin la pelota, todo el partido el resto de la defensa no pasó mayores problemas.

El «Lobo» Ledesma, lo mejorcito, quitando y distribuyendo con criterio, y un Aguirre voluntarioso, pero cada vez más atolondrado y menos claro.

-Movete, Ríos, por favor, ya no tenés lagunas, ¡sos el Océano Atlántico, viejo! Yo no entiendo a estos pibes. Tienen menos de 20 años, les costó un huevo llegar ahí, no juegan casi nunca, y cuando los ponen ni siquiera dejan la vida en cada pelota.

Se fue el primer tiempo sin mucho para destacar, ya que ambos equipos, con un concierto de imprecisiones, se prestaban la pelota permanentemente.

A los 14 minutos de la segunda etapa, Rogelio Funes Mori empalmó un centro de Abecasis que rebotó en un defensor de Racing y sobre los 24 minutos Saja desvió un remate fortísimo de Aguirre que se le metía en el ángulo.

-¿Pero quién es éste? ¿Sigue el Pato Fillol en Racing? ¡¡¡Por Dios, la pelota que sacó este muchacho!!!

A los 31 minutos Ocampos tuvo la más clara y en vez de tirar el centro atrás optó por el remate cruzado al arco, tan cruzado que se fue por el otro lado. Después, de arremetida, el ingresado Vila tuvo dos oportunidades confusas, pero que, en medio de tanta mediocridad, me levantaron del sillón.

-¡¡¡Nooo, te pido una Funes Mori, una solita, papá; embocale al arco, por favor!!!

Vinieron los penales, y cuando la conversión del Keko nos daba el pase a la final, la pelota se fue afuera, y en el «matar o morir» nos tocó morir en la primera con esa «masita» del pibe Vila.

Ahora viene lo más difícil, los tres partidos finales que nos devuelvan a la A. Y aprovecho para señalar una de las tantas cosas que me avergüenzan del fútbol: es posible que River obtenga su tan ansiado ascenso en un partido sin su público contra Patronato de Paraná, Entre Ríos. Un año tuvieron para prever esa situación y no lo hicieron.

Nuestro camino sigue siendo pedregoso, y a otros en cambio se les abren jardines de flores entre penales y goles agónicos para ir en busca de la triple corona.

-¿Esto se puede romper?

¡¡¡Nos están meando todos los dinosaurios de Jurassic Park!!!