"Debí haber nacido ayer pero no quise. La fecha no me convenía. A mi madre le duele, claro, pero es una mujer valiente y soporta ese dolor sin quejarse. Mi deseo, el primer deseo de mi futura vida, es nacer el 20 de abril, porque es la fecha de cumpleaños de nuestro Führer. Si nazco el 20 de abril, me bendecirán los dioses germánicos y seré considerado el primer bebé de la raza suprema. La raza aria. La que de ahora en adelante reinará sobre el mundo entero". Así comienza la historia de Max, rompiendo con el tradicional pacto autobiográfico. Él habla desde el vientre de su madre con las convicciones de quien ha sido formado permanentemente en los ideales del nazismo. Y lo que Max va a contar es real y cierto, es documentadamente histórico, pero está manipulado creativamente (de eso se trata el arte, la literatura) para atrapar al lector. El lector capturado por la fascinación seductora de un hecho histórico poco conocido admite un narrador omnisciente, acepta que un chico pueda ir diciendo lo que le sucede desde poco antes de nacer hasta los nueve años, cuando ya el Reich de los cien años ha desaparecido, y Max comenta "por primera vez lloro. ¿Significa que me he convertido en un niño como todos los demás?".
Max nace el 20 de abril de 1936 en Steinhöring, Baviera, en una de las clínicas Lebesnborn ("fuente de vida") creadas en 1935 por Heinrich Himmler, líder de las S.S., las "escuadras de defensa del nacionalsocialismo". En las clínicas Lebesnborn, en línea con la política racial y de eugenesia nazi, se seleccionaban mujeres arias puras para tener relaciones con oficiales de la S.S. y concebir niños rubios, de ojos celestes y altos, que ayudaran a expandir la raza aria en Europa. Con esa artesanal ingeniería genética nacieron unos 8.000 niños en Alemania, uno 8.000 en Noruega (que cumplían más que otras partes el ideal físico nazi), y una cantidad indeterminada en otros lugares. Al mismo tiempo en los países ocupados por el ejército alemán, en Polonia, Checoslovaquia, Ucrania y Francia. Se sostiene que más de 200.000 niños fueron secuestrados buscando establecer los que eran claramente arios, que eran protegidos, cuidados y germanizados, en tanto que los que no alcanzaban los registros de pureza racial eran enviados a campos de concentración infantiles como Kalish, Dzierzazna y Litzmannstadi, y de allí a campos de exterminio.
Max es llamado Konrad, y él se siente "Klein káiser", alguien que tiene como futuro ser un "pequeño emperador" que mantendrá entre las mujeres, para que reine el orden, la ley de "kínder, kücher, kirche", niños, cocina, iglesia, aunque él no tenga otro dios que Adolf Hitler. Le han puesto Konrad, pero su madre en secreto no ha parado de llamarlo Max, acaso porque había tenido alguna relación con Max Sollmann, el Standartenführer de las clínicas Lebensborn. Max se convierte en un emblema viviente del futuro del nazismo.
Todo sigue en los carriles del proyecto de Hitler hasta que en un lugar donde se educa a la élite infantil aria, a los modelos del nazismo, Max se encuentra con Lukas, un chico que en su figura es absolutamente idéntico a él, del que se hace amigo, y sufre una profunda transformación cuando se entera de que es un judío que loga salvarse haciéndose pasar por ario.
Sarah Cohen-Scali ha logrado con "Max" una estremecedora fábula histórica, que recibiera el año pasado en Francia el Premio Sorciéres. Conocida como una consagrada autora de libros para niños, se pensó que "Max" era "para chicos de 16 años y más", y es sobre todo para más. Sin duda Cohen-Scali ha sabido aprender las lecciones del genial Roal Dahl, pero este admirable libro merece estar junto a "El tambor de hojalata" de Gunther Grass.
| M.S. |



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