Eudeba celebra 60 años con librería más amplia

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"Tengo un hombre con experiencia, es joven, es interesante, es matemático, pero tiene un inconveniente: es loco". Con semejante informe, difícilmente el "recomendado" podría ser elegido para el cargo de gerente general de una empresa. Sin embargo, eso es lo que ocurrió, hace 60 años. En junio de 1958 Risieri Frondizi, entonces rector de la UBA, impulsaba la creación de una editorial universitaria, Eudeba, y Arnaldo Orfila Reynal, director del famoso Fondo de Cultura Económica de México, propuso al "loco". Se trataba de Boris Spivacow, hijo de inmigrantes ruso-judíos, licenciado en matemáticas, empleado en la Editorial Abril.

Eudeba nació el 24 de junio, él asumió el 25, y de inmediato impuso el lema "Libros para todos", no sólo para el ámbito universitario. Pronto Eudeba llegó a editar nada menos que un libro por día, entre ellos el "Martín Fierro" ilustrado por Juan Carlos Castagnino, lanzado en una primera edición de 250.000 ejemplares rápidamente agotados (ya en los primeros diez días se vendieron 29.000). Empresa de economía mixta con minoría privada, Eudeba llegó a tener distribuidores hasta en el Japón, y, detalle fundamental, venta en kioskos de libros de divulgación al precio de un kilo de pan.

Esa bonanza ejemplar duró hasta la Noche de los Bastones Largos del 29 de julio de 1966. Spivacow renunció pero redobló su apuesta: con el lema "Más libros para más", fundó el Centro Editor de América Latina. Y mientras el Ceal crecía, Eudeba se amodorraba en manos de burócratas, censores y políticos ignorantes del negocio editorial, algunos de ellos algo "descuidados" a la hora del balance anual y el mantenimiento y acrecentamiento del catálogo.

"Cambiaron paralelamente los medios y los hábitos, las formas de producción y comercialización, la lectura más fragmentada, se perdió la fidelidad a las colecciones y el poder adquisitivo para comprarlas. Un título que queda en stock se considera un fracaso, las tiradas son más pequeñas y por lo tanto el precio de equilibrio es más alto, la fotocopia es una amenaza real, y el universo digital terminó por poner todo en cuestión", resume la estudiosa Judith Gociol en el excelente "Libros para todos", que la Biblioteca Nacional publicó en 2012, con una detallada reseña de aquella época de oro.

Por suerte el prestigio se mantiene, y eso ayuda a seguir y modernizarse. Ya en 2010 aparecieron la tienda online Boris y la tableta de lectura digital Boris. Luego, los contenidos audiovisuales fáciles de encontrar en la red. Y siguen saliendo los libros editados en papel. Precisamente, hoy se reinaugura la librería central de Plaza Congreso, que tras largo trabajo se amplía de 40 a 140 metros cuadrados, a lo que se une la puesta en valor del edificio de la editorial, incluyendo el depósito y las oficinas con nuevas instalaciones. No es lo mismo que antes, pero, como decía en su momento Gonzalo Álvarez, "Nuestro principal activo es el capital simbólico. Lo construido en los 60 es de una potencia tan significativa que, incluso ahora, cuando convocamos a alguien para un proyecto se suma rápidamente. El punto, entonces, es qué hacemos con ese capital simbólico, cómo lo invertimos".

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