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Europa y Grecia ganan tiempo con el acuerdo
Syriza ganó las elecciones griegas con una plataforma impracticable. Quizá los votantes se sientan defraudados, y los partidos tradicionales que no prometieron el oro y el moro también, pero la realpolitik prevaleció con buen criterio. Europa necesita cambios profundos, sí. No hay manera, sin embargo, de que Grecia los vaya a imponer de modo unilateral. En 2015 la amenaza de fracturar el euro para obtener concesiones -aún menores- no corre en absoluto. Es, como dice el tango, balearse solo en un rincón.
El viernes hubo fumata blanca. Grecia acordó con el eurogrupo una extensión por cuatro meses (pedía seis) de la asistencia financiera conforme a la Facilidad Maestra preexistente. A cambio se compromete a completar con éxito la revisión del "arreglo" vigente (el denostado Programa de Rescate o Memorando como se lo llamaba antes). El acuerdo es condicional a la presentación de un listado de reformas que Atenas propondrá hoy y que deben ser aprobadas por las "instituciones" (el nuevo nombre de la troika). Grecia escogerá así la austeridad que mejor le guste (siempre y cuando pase el tamiz de las "instituciones"). Hacia delante las metas de superávit fiscal primario serán las de la declaración del eurogrupo de noviembre 2012 (otro eufemismo por el programa de rescate) aunque se acepta que la evaluación de 2015 tendrá en consideración las peculiaridades de los tiempos que corren. La quita de deuda también se archiva: Atenas ratifica su voluntad "inequívoca" de atender todas sus obligaciones financieras en tiempo y forma. Los desembolsos de la asistencia no se recibirán hasta que las "instituciones" certifiquen el cumplimiento del "arreglo extendido". Y se sabe que ello no ocurrirá antes de fines de abril. En espera hay 7.200 millones de euros (más 1.900 millones de utilidades a distribuir por el BCE). Peor aún, 11 mil millones de euros que estaban en el Fondo Heleno para la recapitalización de la banca serán revertidos al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera. Se los administrará con idéntico propósito pero desde allí, las riendas lejos de Atenas y de cualquier tentación de financiar gasto público. El único relax inmediato será la marcha atrás del BCE que, firmados todos los papeles, volverá a aceptar los bonos griegos como colateral válido para sus operaciones de refinanciación. Amén del alivio que provean los depositantes y los mercados, alejado -al menos por unos meses- el fantasma del Grexit.
La lección para los políticos advenedizos en rápido ascenso en toda Europa: nunca digas de esta agua no he de beber. Como lo demuestra Syriza, son las mieles que depara el éxito en las urnas. Y si la promesa resulta imperiosa para abrirse camino, entonces, como enseñan los griegos, cuando te quepa el sayo de la responsabilidad, nunca más vuelvas a llamar al agua por su nombre.
Para Grecia y para Europa el acuerdo es la mejor solución. Europa navega en la coyuntura con el impulso favorable de tres shocks muy potentes: la depreciación del euro, el derrumbe de los precios del petróleo y la firme decisión del BCE de embarcarse en el QE soberano. Encarrilar a Grecia sin que se produzcan daños mayores -y descubrir que los "bárbaros" que tomaron Atenas tienen al euro en tan alta estima- supone canjear un pronóstico tentativo de temporal por un cuarto ventarrón imprevisto que también empuja de cola.


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