30 de agosto 2012 - 00:00

Excesos hacen cuesta arriba seducir al crucial voto latino

Tampa - Consciente de la atención que provoca por donde pasa, justo antes de acceder al podio para él preparado en el marco de la convención republicana en Tampa, Florida, Joe Arpaio, «el sheriff más duro de Estados Unidos», se alisa el pelo con las manos y se ajusta la corbata, fijada por un alfiler dorado con forma de pistola. Y comienza a disparar.

Es cierto que su munición no son más que palabras. Pero Arpaio, también descripto en Arizona como el azote de los inmigrantes, con demandas judiciales por discriminación racial en Phoenix que él niega vehementemente, no tiene pelos en la lengua cuando se trata de defender su dura política de arrestar indocumentados en «razzias» a lo largo y ancho de su condado de Maricopa, algo que considera un ejemplo a seguir.

«Yo debería recibir una medalla, el presidente debería invitarme a la Casa Blanca y darme las gracias por ayudar al Gobierno estadounidense a aplicar las leyes contra la inmigración ilegal y las guerras del narcotráfico», afirma.

«Debería ofrecerme una cerveza, que jugáramos un poco al baloncesto y hablar», ironizó en referencia a los hábitos del presidente demócrata Barack Obama.

Pero precisamente esta fama podría convertirse en un problema para los republicanos reunidos esta semana en Tampa para lanzar oficialmente la candidatura de Mitt Romney a la presidencia e impulsar su popularidad entre todos los sectores posibles, incluidos los cada vez más electoralmente influyentes hispanos.

En la Convención Republicana, el equipo de campaña latino para Romney ha hecho grandes esfuerzos por ensalzar ante el público hispano el mensaje del candidato presidencial sobre la economía, pasando a la par casi en puntas de pie por la cuestión migratoria.

Sostienen que, como una de las comunidades más afectadas por la recesión -la media de desempleo latino ronda el 11%, frente al 8,3% nacional-, la promesa de Romney de creación de puestos laborales e impulsar de una vez la renqueante economía es un argumento convincente para atraer el voto hispano.

Pero los medios hispanos acreditados para seguir los tres días de convención -y son muchos- han demostrado, con sus insistentes preguntas sobre la postura en materia de inmigración de Romney, que el candidato republicano tiene aún un largo trecho que recorrer antes de convencer a un porcentaje suficiente de votantes hispanos.

Y eso que para pensar en noviembre necesita un mínimo de ellos: entre un 38 y un 40 por ciento, estiman en las propias filas conservadoras. Esta situación ha hecho ponerse un tanto a la defensiva al equipo republicano en materia de temas para hispanos.

No ayuda desde luego que la «plataforma» aprobada por el Partido Republicano, y que se considera las guías políticas de un eventual Gobierno de Romney, confirmara el martes algunos de los peores augurios de los grupos pro inmigración.

Porque el documento promete más mano dura en política migratoria, con una renovada propuesta de «autodeportación» de indocumentados, promesas de retirar las demandas judiciales que pesan contra estados como Arizona o Alabama por las durísimas leyes estatales migratorias que aprobaron o rechazar cualquier medida de «amnistía» para los hasta 11 millones de indocumentados que ya viven en el país.

Miembros del equipo asesor de Romney en materia de hispanos como el exsecretario de Comercio Carlos Gutiérrez se apresuraron en las últimas horas a afirmar ante diversos medios que una cosa es la «plataforma del partido» y otra la del propio Romney.

Pero influyentes figuras del debate migratorio como Frank Sharry, director del grupo pro reforma migratoria Americas Voice, exigieron de inmediato que sea el propio Romney quien se pronuncie.

«Es hora de oír al propio nominado, ¿está de acuerdo Mitt Romney con las partes sobre inmigración de la plataforma republicana o no?», reclamó ayer.

Más allá, sin embargo, de una breve aparición la noche del martes en que habló ante el foro su esposa Ann, Romney no tiene previsto hablar en Tampa hasta hoy, cuando pronunciará el discurso de aceptación de nominación presidencial que cerrará la convención de su partido. Y es muy poco probable que este para él espinoso tema figure entre los puntos de su alocución.

Para preocupación de más de un miembro de campaña, quien sí parece dispuesto a hablar sobre inmigración en Tampa, y de forma dura, es el sheriff Arpaio.

Preguntado el martes si se sentía ofendido por no figurar en la lista oficial de discursos, el alguacil lo negó con fuerza, asegurando que su intención es hablar con «muchos, muchos delegados» estos días, incluido un acto en el zoo, hoy, ante los elefantes, símbolo del Partido Republicano.

Agencia DPA

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