Poco elaborado el ajuar elegido por las damas de la política argentina a la hora de emitir el voto. Algunas se mostraron, como si se hubieran vestido a oscuras, sin espejos, ensayando la habilidad que pondrían luego a la hora de poner la boleta en el sobre. Raro que olvidaran que las cámaras de TV las iban a estar esperando.
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La excepción fue Cristina de Kirchner, como se esperaba, dando la nota con un look meditado en detalle. Lástima que en esa constante búsqueda de no pasar inadvertida eligió un conjuntito más acorde para alfombra roja que para visitar una escuela pública. Hasta recordaba al ostentoso look menemista de los años noventa, con abrigo de piel de zorro incluido y joyas de oro amarillo. Una lástima, porque se notó su esfuerzo por el glamour: se tiñó el cabello del nuevo tono de moda, el conocido «dulce de leche» que promociona en su melena desde hace poco tiempo la modelo Pampita Ardohain. Además, cambió el ya aburrido Rolex de oro macizo por un reloj del mismo metal brilloso, pero con cadena angosta trenzada y cuadrante ovalado. El exceso alcanzó también al maquillaje: demasiado rubor en los pómulos, lo que hacía ver su cara demasiado redonda, con peligro de resultar caricaturesca.
La más desprolija fue Margarita Stolbizer, que olvidó el buen gusto al combinar un camperón de gamuza marrón (una prenda démodé y más típica de un sindicalista como Moyano que de una candidata a diputada) con una chalina multicolor bordada con hilos plateados, de esas que usan las adolescentes. Para completar no tuvo mejor idea que pintarse las uñas de rojo furioso, poco apropiado para la ocasión y nada acorde para una señora de más de cuarenta.
Otra que pareciera haber sufrido un ataque de rebeldía adolescente fue Gabriela Michetti. Si bien optó por un outfit negro, un tono que siempre asegura el éxito dando sobriedad y elegancia a la vestimenta, se equivocó al elegir una campera ajustada de capucha con relieve de piel sintética beige, prenda típica de una conocida marca teenager, que le quitaba seriedad a su imagen, a pesar de haber recurrido a una peluquera y un maquillador nada habitual en la macrista.
Accesorio opacado
Alicia de Kirchner también hizo lo suyo con un pañuelo de seda color lila de la tienda Hermés con estampado amarillo. Tal vez por recomendación de su cuñada -la Presidente también eligió un pañuelo de la marca francesa para cubrir su cuello, pero con arabescos en la gama de los marrones)-, la ministra de Desarrollo Social eligió ese accesorio que le daba un toque de color a su apagada vestimenta. Pero, al igual que la Presidente, la funcionaria lo llevó con un nudo, casi improvisado, que opacaba la delicadeza del accesorio. Para más eligió unos guantes de cuero blanco que, de tan ceñidos, parecían de látex, cono si los usara para evitar el contagio de la gripe A.
Distinto es el caso de Elisa Carrió. Desde que hace algunos años sus asesores de imagen la hicieron abandonar las grandes crucifijos que colgaban de su cuello, le recomendaron mantener el peinado prolijo con las raíces siempre retocadas y le sugirieron cambiar los jeans gastados y los remerones de algodón por trajecitos estilo Chanel, la líder de la Coalición Cívica comprendió cómo sacar ventaja de su guardarropa. Así ya sabe qué prendas mejor le quedan y cómo aprovechar el recurso de los accesorios y abrigos para disimular algún quilito de más.
Eso hizo ayer, cuando vistió un pantalón recto negro (el corte que más la favorece, ya que le otorga volumen a la parte inferior de su cuerpo, que es bastante más angosta que su abdomen, dándole un aspecto armonioso a su figura) y un suéter de lana con cuello de tortuga en el mismo tono. Para completar, una parca de paño azul eléctrico que le daba luminosidad al rostro.
De todas maneras, el podio de la mejor vestida se lo llevó Karina Rabolini. La primera dama de la provincia demostró cómo sin tacos y casi sin maquillaje una mujer igual puede destacarse. Eligió un tapado a media pierna azul marino y un pantalón ancho marrón, del mismo color que la polera de angora con cuello desbocado y botas de cuero. Un prêt-à-porter, despojado, femenino y elegante. Todo lo que requería una ocasión de sufragio.
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