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Extraño paro hoy, que logra unir a los opuestos
Luis Barrionuevo, Néstor Kirchner y Juan Carlos Alderete
Entre los convocantes y promotores del paro de hoy, Barrionuevo -hoy espadón de Sergio Massa- es portador casi exclusivo de ese rasgo: lo comparte sólo con el Partido Obrero (P.O) y las demás fracciones troskistas que integran el FIT. El resto de las organizaciones que movilizan e intervienen, en algún tramo de los doce años K, fueron cercanos o íntimos de los Kirchner.
Ese pasado une a antiguos extremos. De Hugo Moyano a Barrios de Pie, brazo piquetero de Libres del Sur, el partido ahora integrado a UNEN y que tiene a Victoria Donda como figura visible. De gremios de exultra K como los Canillitas de Omar Plaíni a expresiones residuales de la CTA de Víctor De Gennaro, ahora comandadas por Pablo Micheli o, incluso otros como la Corriente Clasista y Combativa (CCC) de Juan Carlos Alderete, expresión callejera y piquetera del PCR de Otto Vargas, sin formar parte nunca del dispositivo K, selló durante largo tiempo una tregua que le permitió nutriste de la asistencia del Estado para, como contraprestación, moderar su antigua beligerancia.
El extraño mérito de Cristina de Kirchner es que el paro de hoy, la huelga general más importante y pretenciosa de la era K, está sostenido esencialmente sobre exsocios, en particular el bloque de gremios del transporte que alguna vez integró el Club del Subsidio (las paritaria del sector eran, casi, paritarias estatales porque los aumentos se cubrían con subsidios extra).
El tránsito de socios a rivales se produjo, en general, en tiempos cristinistas. Moyano, de hecho, rompió con la Casa Rosada, furioso, 60 días después de que la Presidente fuese reelecta con el 54% de los votos. Los demás se fueron descascarando a partir de la primera victoria de Cristina de Kirchner y se profundizó, más adelante, con la muerte de Néstor Kirchner.
El paro de hoy, que se sostiene sobre la paralización del transporte y se refuerza por la proliferación de piquetes -una discusión que no se saldó internamente entre los organizadores- se potencia en la matriz que Kirchner, al asumir como Presidente, priorizó en sus alianzas sindicales: el clan gremial capaz de parar el país. El patagónico tuvo que seducir a Moyano, que en 2003 jugó con Rodríguez Saá. Hoy las alianzas rotas se unen enfrente del armado K.


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