22 de noviembre 2018 - 00:00

“Falocracia”, interna, Ganancias y medios, los dardos de Rosenkrantz

Titular de la Corte planteó ambicioso objetivo de gestión, priorizó el sueldo de los jueces antes que el tributo y puso paños fríos a guerra entre ministros.

Exposición. Carlos Rosenkrantz anunció que no iba a responder preguntas “incómodas” y bromeó sobre el tenor de una consulta por Ganancias.
Exposición. Carlos Rosenkrantz anunció que no iba a responder preguntas “incómodas” y bromeó sobre el tenor de una consulta por Ganancias.
"Yo no tengo una visión falocrátrica. A mí me parece que la mejor contribución que uno puede dejar a cualquier institución es que quienes lo sucedan funcionen mejor que nosotros mismos". La enigmática frase por su alusión implícita a su objetivo de gestión la pronunció el presidente de la Corte Suprema, Carlos Rosenkrantz, ante el auditorio colmado del tradicional Rotary Club, en un almuerzo llevado a cabo ayer. No eludió respuestas sobre las internas en el máximo tribunal, su posición con respecto al pago de Ganancias y las condiciones que generaron la mala imagen que la sociedad tiene del accionar del Poder Judicial. En este último punto, evitó recorrer la autocrítica: adujo que gran parte de esa fisonomía había sido delineada por los medios de comunicación.

Con un salón completo en el Hotel Sheraton, hubo apretujón de invitados en las mesas redondas para asistir a la primera conferencia que dio Rosenkrantz ante los rotarios (y varios CEO), en un convite donde siempre fue orador su predecesor, Ricardo Lorenzetti. Fóbico a la prensa, Rosenkrantz capitaneó sólo las preguntas prefijadas dentro de la agenda oficial y puso énfasis al citar a su hija cuando definió cuál era su objetivo en la presidencia de la Corte. ¿Se trató de una crítica al personalismo, una de las características más frecuentadas para definir a Lorenzetti? La "falocracia", según la Real Academia Española, es el "predominio del hombre sobre la mujer en la vida social". Fue quizá una referencia a contribuir con una meta de equilibrio, sin ansias de protagonismo. "Creo que el gran desafío que yo tengo es devolverle al país la fe en el derecho", dijo luego, cambiando diametralmente el umbral de percepción de su propia misión.

Generó murmullos cuando se refirió al tema Ganancias, en una postura menos taxativa que en declaraciones anteriores y haciendo una comparativa (precisamente) con los pilotos de avión. Reconoció que lo "incomodaba" el tema a modo de broma, pero avanzó: "La cuestión de si los jueces ganan mucho o poco depende del mercado de referencia. Con esto quiero decir que el verdadero problema no es pagar impuestos o no, no es la búsqueda de un privilegio, sino básicamente una defensa de lo que creo que es un salario adecuado para un juez". Había pedido que se lo comparase con el salario de un "abogado exitoso". Su perfil de letrado corporativo afloró. En el aire quedó flotando una de las posibles soluciones (que la Corte deberá empezar a definir el 27-D) sobre el pago o no del tributo a partir de 2017. A muchos en el Poder Judicial les gustaría que existan aumentos de salario bruto para compensar el descuento del impuesto. El problema es que origen y destino de esos fondos es uno solo: el propio Estado. "La pregunta correcta es qué jueces queremos y cuánto tenemos que pagar para tener los jueces que queremos", completó.

"No hay conflictos internos, es un organismo que tiene cinco ministros, que muchas veces tenemos visiones diferentes acerca de lo que debe hacerse, que defendemos nuestras ideas con bastante convicción y vehemencia", subrayó el presidente de la Corte poniendo paños fríos a una interna que estalló en las últimas semanas, tal como había anticipado Ámbito Financiero, y que derivó en la constitución de un bloque opositor (a Rosenkrantz) dentro del tribunal. Muy "polite", defendió la diversidad. "Creo que es algo a lo que el país se tiene que acostumbrar, gente que tiene buena fe y comparte propósitos institucionales y a veces está en desacuerdo, y los desacuerdos se expresan de modo diferente, pero no son más que eso y creo que es bueno que sepamos vivir con eso", señaló.

A poco de culminar expuso su visión sobre la imagen diluida del accionar de la Justicia. Culpó a los medios de haberla creado, similitud que emparentó la lectura kirchnerista que tenía sobre las desventuras de su Gobierno. "La mala imagen es de la gente que no tuvo contacto y tiene una opinión moldeada por los medios de comunicación", sostuvo. Para ello citó a las encuestas donde se afirma que la baja reputación corresponde a quienes no son usuarios del sistema de administración de justicia. Cuando se lo preguntan a quienes la utilizan, afirmó, "existe un 45% de aceptación". Tampoco es un número apabullante.

Rosenkrantz defendió muy bien la explicación contra uno de los silogismos más extendidos en estos últimos días tras el recambio de autoridades del Consejo de la Magistratura y el embate político que le aplicó el PJ al Gobierno. La integración nueva y los casos de corrupución bajo investigación no tienen relación alguna. "Con la nueva Magistratura no están en juego las causas de corrupción. Es una apreciación temeraria", lanzó. El dardo impacta en la serie de comentaristas que se apuraron a dar diagnósticos sobre los mínimos cambios al órgano de selección y remoción de jueces.

Y agregó que la Corte "es independiente del poder. Tenemos que entender (los jueces) que debemos ser independientes del Estado, y de nuestras propias convicciones ideológicas y políticas", indicó Rosenkrantz.

El mismo día, la Corte se pronunció sobre varios asuntos donde quedó explícita que la mayoría no siempre combina con los fallos y que varios cuentan con firmas de bandos opuestos. Así se rechazó la declaración de inconstitucionalidad del decreto que en 2007 anuló la venta de las acciones de Tandanor a un consorcio privado; que es inconstitucional la norma que establece límites para definir la capacidad económica de una persona discapacitada para adquirir un auto con franquicia; y dejó sin efecto una sentencia que confirmó la exclusión de la tutela gremial a un delegado que alegó la eventual prescripción de la sanción que se le pretendía aplicar.

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