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Fantasía al estilo clásico
Jake Gyllenhaal y Gemma Anterton protagonizan la imaginativa versión del videojuego «El príncipe de Persia», un film que atrapa rápidamente al espectador con su ritmo, colorido y acción.
El cine de superacción nunca muere. Sin ser fanático de la serie de videogames -algunos muy antiguos y primitivos, otros sofisticados de la era de la Play Station- es difícil decir cuánto de ese formato quedó en esta entretenidísima película. Lo que es seguro es que hay un guión mucho más elaborado y bien escrito que el de otras películas que se limitan a repetir en pantalla grande los climax ya experimentados en la PC.
En un breve prólogo al mejor estilo «Ladrón de Bagdad», se cuenta cómo un rey sabio ve en acción a un mendigo enfrentando a sus soldados y lo elige como hijo adoptivo, lo que no necesariamente tiene que gustarle a sus flamantes hermanos. Pasa el tiempo y el príncipe de Persia no logra convencer al heredero del rey, es decir su hermano, de la necesidad de no atacar una ciudad sagrada. El resultado es una conspiración en la que el rey muere, siendo el protagonista el principal sospechoso.
El ex príncipe, convertido ahora en un fugitivo perseguido por todo el mundo, escapa junto a la princesa de la ciudad sagrada, guardiana de un secreto relativo a una daga magica con el don de dominar el tiempo, secreto que puede ser en realidad la verdadera causa de toda la conspiración.
Mike Newell, director de films tan distintos como «Cuatro bodas y un funeral» y el último «Harry Potter» tomó este argumento y le dio no sólo el ritmo vertiginoso, el colorido y la acción que se espera de este tipo de producto, sino, más que nada, un estilo de aventura fantástica clásica, que es lo que captura rápidamente al espectador. El film tiene una soberbia dirección de arte -tal vez la más imaginativa y sólidamente realizada que se haya visto en el género en decadas- y un gran cuidado por cada eleccion en el elenco, aunque en este caso hay que decir que muchos personajes secundarios están mas cuidados que la pareja estelar: un simpático Jake Gyllenhaal es el príncipe de Persia y la demasiado naive Gemma Arterton, la princesa guardiana de la daga misteriosa.
En cambio, no hay nada más divertido que ver a Gandhi (es decir Ben Kingsley) haciendo de villano arábigo, o a Alfred Molina como un inescrupuloso tratante de esclavos y organizador de carreras de avestruces enfrentando a las hordas del mal casi a su pesar. Entre las novedades de este cuento que podríaa parecer más salido de «Las mil y una noches» que de un videogame está justamente esa horda maligna de asesinos persas, especie de ninjas que le dan el toque oscuro que el equilibrio del film necesitaba. Su líder, encarnada con eficacia dark por Gísli Örn Garðarsson ayuda a entender lo bien que supo combinar el director lo clásico con lo moderno en este género destinado a alimentar matinés de aventuras por mucho, mucho tiempo más.


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