ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

8 de marzo 2021 - 00:00

EE.UU. acelera, las tasas no bajan, la Fed conforme, y la Bolsa duda con un pie en el estribo

A diferencia del pasado, la Fed de Powell no prepara multas por los excesos. Los alienta. Y la ilusión de una economía vibrante se confirmó, no es una utopía.

ver más

¿Qué hacer cuando los mejores deseos se concretan? El Congreso de EEUU aprobó el megapaquete fiscal. El presidente Joe Biden promete que los cheques directos de 1400 dólares comenzarán a fluir antes de que termine marzo. La economía ruge. Febrero creó 379 mil nuevos empleos netos (el sector privado, 465 mil). Bares y restaurantes reabrieron pari passu con el repliegue del covid, y se eliminan más y más restricciones a la movilidad. La vacunación bate récords. En un día se llegó a aplicar 2,4 millones de dosis. Muy pronto la limitación no será la capacidad de producción de vacunas, sino la de convencer a los reacios. Con la política fiscal recargada, la monetaria en piloto automático y una vacunación exitosa, la economía de los EE.UU. apunta ceteris paribus a una velocidad de crecimiento promedio rayana en 10% durante los próximos seis meses.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

¿Qué más se puede pedir? Ni Obama ni Trump, con mayorías más holgadas, consiguieron lo que “Sleepy Joe” Biden. No hay halcones en el banco central. A diferencia del pasado, la Fed de Powell no prepara multas por los excesos. Los alienta. Y la ilusión de una economía vibrante se confirmó, no es una utopía. ¿Qué más? Lo único que los inversores quisieran es que se suprima, o mitigue, alguna de las consecuencias del deseo realizado. La convivencia se alteró cuando los bonos dejaron de ignorar la mejoría de la realidad.

La tardía suba de tasas, cinco octavos de punto en lo que va del año en los bonos del Tesoro a diez años, hirió la fe ciega de Wall Street en el futuro. No es todavía una situación límite pero hacia allá vamos con el estímulo extra a punto de desenfundarse. No saber a ciencia cierta qué hará la Fed es lo que más irrita. Bastaría una palabra de Jay Powell para saciar la ansiedad. Que las tasas trepen con la bonanza económica es natural, más cuando reptan a ras del suelo, pero la obsesión es saber cuánto. Y allí donde Powell retacea una respuesta se abrió un cráter, y el correspondiente bear market de los bonos, que no tiene nada que envidiarle a otras crisis que llevan fama. Es como el “taper tantrum” de Bernanke de 2013. No por acción de la Fed sino por omisión.

La ironía es que los inversores se desvelen por los bonos y no por la Bolsa que probó ser el gurú certero. Razones hay, la economía recalentará y la inflación va a saltar de las presunciones (y la letra chica de los informes técnicos) a la primera plana.

¿Estamos abriendo la caja de Pandora? ¿No corre peligro el mercado bull de las acciones? ¿Podrá la política económica, y la Fed en particular, maniobrar con éxito si ocurre un accidente? Si nos vamos a guiar por los bonos, un mes de alza sostenida de tasas arroja amplia evidencia. Suben las tasas reales de largo plazo (10 y 30 años).

Las expectativas inflacionarias dejaron de escalar tras la primera semana de febrero. Y bien medidas se ubican en línea, o por debajo, de la meta de inflación de 2%.

Como dice Janet Yellen se acusa recibo de la recuperación, no de mayor inflación. El nuevo enfoque de la Fed admite un aumento temporario, quizás no mucho más que a 2,5%. Y la curva de los bonos se mimetiza con suma obediencia. A cinco años, las expectativas de inflación se elevan y forman una cresta. El punto de equilibrio se estacionó en 2,43% el viernes. Pero el que corresponde a la inflación que se espera para los 5 años posteriores disminuye a 2,01%.

La Fed está cómoda cuando revisa las planillas. La política económica no quedó en offside. Por eso Powell no da precisiones. No debe disgustarle tampoco que los mercados tengan que repensar la lógica de sus carteras (y ambiciones). ¿Todo perfecto, entonces? Sí, pero en la antesala del shock. El verdadero examen de estrés nos espera por delante. Y la fotografía pulcra se saldrá de cuadro. Es inevitable en un trajín. Mientras tanto, la Bolsa titubea con un pie en el estribo. Más allá de las turbulencias, el viernes se hizo de coraje y compró la agachada. Tiene sentido, pero si su estómago duda, la presión redoblará cuando los indicadores vengan al rojo vivo. En definitiva, lo que tanto pidió (y supo anticipar) se le concedió con creces. Ahora sólo debe terminar de digerirlo.

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias