25 de marzo 2011 - 00:00

Feedlots en busca de la eficiencia

En el período de adaptación, los animales se acostumbran a un régimen de comidas y horarios estricto, muy distinto de la rutina en campo abierto.
En el período de adaptación, los animales se acostumbran a un régimen de comidas y horarios estricto, muy distinto de la rutina en campo abierto.
La necesidad de obtener mejores resultados en la producción de carne mediante el sistema de encierro a corral -feedlot- está obligando a los empresarios del sector a apuntar a una mayor eficiencia. Este camino lleva actualmente hacia la optimización de los recursos disponibles y la búsqueda de reducir los costos operativos.

La Cámara Argentina de Feedlot organizó recientemente en Saladillo, provincia de Buenos Aires, una jornada de capacitación orientada a explicar a los productores el buen funcionamiento del sistema feedlot, que permite obtener más kilos de carne en pocos meses. Una de las claves para este tipo de establecimiento es que todo el grano se transforma en alimento balanceado, desde el maíz hasta la soja, y en el caso de la oleaginosa, una vez utilizada para producir uno de los componentes del balanceado, una parte importante se destina a la producción de alimentos para el criadero de cerdos. También se puede producir biodiésel para el funcionamiento de las maquinarias agrícolas y camionetas empleados en la actividad cotidiana de la explotación.

Como ejemplo de esta búsqueda de eficiencia puede citarse a Transcom SA, un establecimiento ganadero ubicado en Saladillo, donde se engordan unas cinco mil cabezas de ganado bovino por turno y ocupa a unas 150 personas que desarrollan diversas actividades dentro de la explotación. En ese establecimiento se produce casi la totalidad de la materia prima necesaria: maíz, soja, alfalfa y cebada para transformarlos en kilos de carne, ya que «nada se va al puerto, todo se transforma para darle un mayor valor agregado a la producción, que es muy necesario en regiones como éstas», según comentó a Ámbito del Campo Roberto Guercetti, especialista en el desarrollo del sistema de feedlot.

Transformación

El proceso de elaboración de los balanceados se inicia con el acopio de maíz en un silo. Allí se le aplica un producto mezclado con agua para posibilitar la humectación del grano durante 24 horas, que permite el debilitamiento de la capa que lo recubre; luego pasa por un sistema de sinfines y se lo deriva a una sección de tolvas en las que se muele el grano para extraer el gluten.

«El sistema posee un circuito de silos cuyos sinfines están adaptados a cada uno de los tipos de granos utilizados (maíz, soja, girasol o cebada) con un mecanismo de martillo en el que se muelen hasta transformarlos en harina, para permitir un mayor aprovechamiento de la ración balanceada que se les entrega a los vacunos. Eso se refleja en la ganancia de peso y crecimiento. A la vez, hay una menor deposición de los animales en los corrales», explica Román Irustia, de Biogénesis, responsable de la sanidad de animales encerrados.

En el playón de alimentos se depositan los productos de la molienda: el gluten de maíz, el peleteado de girasol y la harina de cebada, que se ubican en sendas celdas. En una cuarta celda se mezclan los subproductos, que dan forma al balanceado según las proporciones indicadas para su formulado con pelet de girasol y, luego, desde el mixer, tras una nueva mezcla, el alimento se reparte en los corrales.

«Acá se debe garantizar que la ración entregada a los animales, con el nivel de procesamiento que se puede elaborar, sea aprovechada al máximo y se refleje en la ganancia de peso y en crecimiento, y con la menor deposición posible en los corrales», añade Irustia.

Pero esos resultados no serían posibles si los vacunos ingresados al feedlot no son tratados con cuidado: «Aquí se practica el bienestar animal, no se los azuza, no se les grita, tampoco se utilizan elementos que los lastimen como picanas; al contrario, sólo se emplea una vara con una bandera o bolsa blanca para ordenarlos y trasladarlos en los corrales», agrega Irustia.

Engorde y raciones

Los vacunos que ingresan al feedlot con un peso promedio de 120 a 130 kilos reciben tres tipos de raciones diferentes. Una es de adaptación, elaborada en base a rollo, que proporciona fibra, y se utiliza cuando ingresa la hacienda al sistema de hotelería, para adaptarla gradualmente por un período de dos o tres semanas hasta que se acostumbra a comer raciones con una alta concentración de granos.

En este período se entrega a los animales una ración con alto contenido de granos y rollo hasta que se adapten al nuevo sistema de alimentación.

El rollo está compuesto por parte del rastrojo que queda de cada cosecha. Luego se desmenuza para entregárselo al animal. Esta ración está compuesta por un alto contenido de fibra y silo de maíz, luego se rebaja en forma gradual el porcentaje de fibra y se aumenta el nivel de grano. Por cada siete kilos de ración se gana uno de carne.

Si el cambio en la dieta del animal es brusco, su sistema digestivo no se adapta totalmente al nuevo régimen de alimentación y los rindes esperados no se dan, aseguran los técnicos.

El período de adaptación es clave porque se debe aclimatar al animal que viene del campo a un régimen de comidas y horarios diferentes.

En el campo come todos los días al horario que quiere, mientras que en los corrales la ración se entrega en horarios determinados. Por otra parte, es necesario lograr que la menor cantidad de alimento entregado al vacuno se refleje en una mayor cantidad de ganancia de peso, de modo que la ecuación económica sea lo más rentable posible cuando el animal sale terminado como gordo.

El período de adaptación se realiza en cinco corrales apartados de los 50 restantes. Esta etapa se aprovecha también para aplicarles a los bovinos todas las vacunas indicadas por el sistema sanitario nacional, donde permanece dos o tres semanas. Los animales se engordan durante tres meses, aproximadamente, para lograr el peso demandado.

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