17 de abril 2012 - 00:00

Fernanda Laguna, del arte puro a la acción política

Consecuente desde que comenzó su carrera, hace más de 15 años, con un arte considerado «decorativo» o «light» y «sin sentido» (político y conceptual), en paralelo, la gestión cultural de Fernanda Laguna avanza silenciosa.
Consecuente desde que comenzó su carrera, hace más de 15 años, con un arte considerado «decorativo» o «light» y «sin sentido» (político y conceptual), en paralelo, la gestión cultural de Fernanda Laguna avanza silenciosa.
Fernanda Laguna, artista paradigmática de la década del 90, acaba de inaugurar una breve muestra retrospectiva en la galería Nora Fisch. La exhibición, subordinada a un lugar pequeño, alcanza sin embargo para dejar a la vista el talento artístico de Laguna, muchas veces relegado por su brillante papel de gestora cultural.

La serie de pinturas, dibujos y collages no es muy extensa, pero teniendo en cuenta que la producción de Laguna es despareja, sencillamente porque le brinda prioridad a los sentimientos y la sinceridad expresiva antes que a las cuestiones formales, es preciso destacar que Fisch realizó una buena selección. Tarea difícil ya que que la trayectoria de Laguna incluye su trabajo como curadora y escritora, sus poesías y novelas, sus colaboraciones teatrales y los proyectos de gestión cultural.

Belleza y Felicidad, la galería y almacén de arte del barrio del Abasto fundada en 1999 por Cecilia Pavón y Laguna, marcó toda una época. El espacio brindó cabida a proyectos tan heterodoxos como concursos de tortas o desfiles de moda para muñecas, mientras exhibía un arte hecho de globos y burbujas, oropeles y manualidades. «El arte aparece allí donde no se lo espera», señalaba entonces Jorge Gumier Maier, curador del Centro Cultural Rojas. Laguna fue su discípula más cercana en lo ideológico, amaba el arte de lo inefable, el aura que trasciende las palabras.

Nora Fisch presenta varias «joyitas que estuvieron guardadas en el placard de la artista». Allí están las obras que se remontan al año 1994 y dos pinturas de la serie «Rayos», que fueron expuestas en el Rojas. Luego, las telas recortadas son el sello distintivo de la artista y, como un homenaje al maestro rosarino, figura «Fontana», una estupenda pintura con motivos de ornamentos vegetales enmarcada en mimbre. La obra de Laguna recuerda los célebres tajos de Fontana, pero el espíritu de esa pintura a todas luces decorativa, donde predomina el color rosa, difiere del gesto y las ideas revolucionarias del vanguardista. Laguna no es menos revolucionaria, pero su obra y su posición frente al mundo van por caminos opuestos. Hay en la muestra una serie de telas caladas, paisajes que evocan las pinturas surrealistas, donde el hueco de la tela puede verse como un sol o una luna llena. Un estupendo díptico de 2012 se llama «Para siempre», título que habla del tono emotivo que impera en la muestra.

Esa estética destinada a mostrar la belleza sin reparos y brindar una cuota de felicidad, al menos, perdura en los trabajos cruzados con lanas y en los que relatan historias de vida. En este sentido, vale la pena mirar las carpetas cargadas de dibujos, donde se percibe una adhesión total al llamado «arte puro» o el arte por el arte en sí mismo, liberado de cualquier razón ajena a su propia existencia.

Sin embargo, la gestión cultural de Laguna tiene un alto contenido sociopolítico. Ella, Javier Barilaro y Washington Cucurto fundaron Eloísa cartonera. Después de la crisis de 2001, la editorial publicó libros con textos inéditos de más de 40 autores latinoamericanos, entre otros, de Aira o Piglia, con las tapas pintadas a mano por cartoneros sobre el cartón comprado en las calles de la triste ciudad de Buenos Aires. Si a este proyecto se suma la galería de arte que inauguró en Villa Fiorito, hoy convertida en escuela secundaria con orientación artística, cualquiera podría imaginar a Laguna construyendo, como León Ferrari, un avión bombardero con el Cristo sacrificado, o fotografiando el hambre como Graciela Sacco, a través de unas bocas abiertas.

Es probable que si Laguna hubiera trasladado su acción a su arte, si lo hubiera convertido en instrumento político, el Museo de Arte Moderno porteño no la hubiera excluido junto a Feliciano Centurion, Liliana Maresca, Sergio Avello y Benito Laren, de la cuestionable y pretenciosa «Ultimas tendencias», muestra que privilegió el conceptualismo a la moda.

No obstante, la figura de Fernanda Laguna resulta insoslayable. Fiel desde que comenzó su carrera, hace más de 15 años, a un arte ajeno al contexto sociopolítico, sin subordinarse a ningún discurso ni ideología, consecuente con un arte considerado «light» y «sin sentido»(político y conceptual), su vida es un modelo de la más genuina preocupación por el prójimo. Hoy, la polémica sobre las instancias estéticas y la solidaridad de los artistas se ha vuelto menos visible y mucho menos vistosa. Pero la gestión cultural de Laguna avanza, silenciosa.

La exhibición se titula «No confíes en lo que ves», advertencia que debe entenderse como un llamado, una invitación a agudizar la percepción.

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