Poul Tomsen, economista del FMI que está a cargo de la misión en Grecia, declaró en una entrevista al diario heleno Kathimerini que después de tres meses de la firma del memorando el país comenzó a aplicar el programa de ajuste con mucha fuerza. «Grecia se enfrenta a dos problemas fundamentales: un alto déficit fiscal, que amenazaba su acceso a los mercados de capital, y la falta de competitividad, que pone en peligro el futuro crecimiento y desarrollo del país. Ha habido un progreso significativo en ambos frentes». En el corto plazo, fue acertado el hincapié a la cuestión más urgente, el ajuste fiscal. Aunque hubo algunas dificultades para contener el gasto en los entes locales, el Gobierno superó las expectativas en el plano nacional. «Como resultado, se cumplió el objetivo de déficit global para finales de junio».
Tomsen consideró que aún existen «desafíos y riesgos pendientes». Pero en esta primera fase del programa, se puede decir que hubo «progresos alentadores sobre la cuestión del déficit. Manteniendo este impulso, en la próxima fase del programa será necesario hacer aún mayor hincapié en las reformas estructurales necesarias para promover el crecimiento, la competitividad y el empleo, y para asegurar que el programa es socialmente justo y equilibrado, algo que ha sido un importante objetivo desde el principio».
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