Film bello e inquietante, para buscadores de rarezas

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Arriesga pasar inadvertido este nuevo trabajo de Gustavo Fontán, el autor de «Donde cae el sol», «El árbol», y «La orilla que se abisma». De hecho, aunque fuera el único estreno de la semana, sufriría el mismo riesgo. Es difícil el camino de quien se empeña en hacer un cine de poesía, de sugerencias, cada vez más ajeno a los cánones habituales del relato cinematográfico y el espectáculo. Para colmo, dos de las salas donde al fin se estrena (Gaumont y Tita Merello) carecen del debido cuidado que permita apreciar debidamente la calidad de su fotografía, y los matices del sonido. Por suerte también se da en otras dos salas.

El breve relato que ahora ofrece nos muestra una madre joven que se siente abandonada, el hijo, muy pegado a ella pero que igual prepara el bolso, y una chica, una extraña, todo con mínimo diálogo, hermosa iluminación, largos planos fijos, contemplativos, planos primerísimos, siempre contemplativos, un ambiente suburbano de antiguo verdor, la sugerencia de lo indecible, y un aire final de callada tragedia. Dura poco más que la lectura de un cuento largo: 64 minutos. Y deja largo tiempo el recuerdo de unos rostros hermosos y expresivos, la admiración por la luz de Diego Poleri, la inquietud de un artista. La historia no es para todos, cabe advertirlo.

P.S.

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