8 de septiembre 2011 - 00:00

Films convertidos en joyas dramáticas

«Maní con chocolate II» es una nueva antología en la que Ana María Bovo vuelve a contar películas conocidas construyendo pequeñas joyas dramáticas que promueven la risa y la nostalgia.
«Maní con chocolate II» es una nueva antología en la que Ana María Bovo vuelve a contar películas conocidas construyendo pequeñas joyas dramáticas que promueven la risa y la nostalgia.
«Maní con chocolate II» de A.M. Bovo y M. Tobelem. Int.: A.M. Bovo. Dir.: A.M. Bovo y G. Córdova. Esc. e Ilum.: G. Córdova. (C.C. Cooperación).TM

Pasaron once años de aquel primer «Maní con chocolate» en el que Ana María Bovo dio vida a una espectadora de cine que se entretenía contando sus películas favoritas. En otro de sus espectáculos («Hasta que me llames») la actriz interpretó a una enamorada que en sus horas de espera iba insertando una apasionante síntesis argumental de «La flor de mi secreto» de Pedro Almodóvar.

En «Maní con chocolate II», Bovo retomó el formato anterior con una nueva antología en la que se entrecruzan el cine romántico de Hollywood y el neorrealismo italiano. En ella evoca las andanzas de uno de sus tíos, entrañable personaje de infancia al que describe como fogonero de una fábrica de fideos, adicto al cine y gran maestro en el arte de contar películas. La destinataria de estos relatos es una mujer sensible y soñadora, casada con un italiano brutal (el dueño de la fábrica) que le prohíbe ir al cine por una antigua enemistad con los propietarios de las salas locales.

Los encuentros semanales entre la patrona y el fogonero no son una simple excusa para revivir grandes escenas de amor o para traer a la memoria viejas glorias del star system, también revelan -por mérito propio- conflictos y miserias humanas que sólo encuentran paliativo en las delicias de la ficción.

Al tío le va mejor en la vida que a su patrona que seguirá sometida a un matrimonio desdichado. Entretanto, Bovo reivindica con humor películas algo relegadas, como «Soñar, soñar» de Leonardo Favio, y en cada escena que elige se vale de gestos y de detalles que suelen pasarse por alto, para construir pequeñas joyas dramáticas. Es notable cómo logra reactivar el erotismo de antiguos melodramas («Angustia de un querer», «Picnic») o darle un nuevo enfoque a comedias tan conocidas como «Un lugar llamado Notting Hill».

Su interpretación promueve la risa y la nostalgia y pone en juego una simpática galería de personajes. A este doble nivel de acción (vida del tío-relato cinematográfico) se suma un tercero con Bovo de protagonista (ella es la niña de pueblo que aprendió a disfrutar del cine de la mano de su tío).

Aun así, la puesta resulta algo estática, con cambios de vestuario que obligan a la intérprete a abandonar el escenario mientras su voz sigue escuchándose en off. En compensación, la banda musical llena el espacio con temas tan evocadores como «Laetitia», tema de amor de la película «Los aventureros». El mismo que Alain Delon convirtió en un hit, a fines de los 60, gracias a su «desafinado» glamour francés.

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