El Directorio del FMI aprobó la tercera revisión del programa y autorizó el giro de u$s10.800 millones. Este desembolso corresponde al primer trimestre de 2019. Para el segundo trimestre se espera un desembolso de u$s5.400 millones, al igual que para el tercer trimestre, mientras que para el cuarto se programan unos u$s980 millones. Con todo, los desembolsos ascenderán a unos u$s22.600 millones en todo 2019. “Hay sobre todo dos áreas en donde se ha producido un desvío respecto a lo esperado en la revisión bimestral anterior: recaudación e inflación. Creemos que esos desvíos se mantendrán por un tiempo”, advirtió Econviews.
Claves de la tercera revisión del stand by con el FMI
Advierten que los desvíos en recaudación e inflación se mantendrán por un tiempo.
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En cuanto al futuro de mediano plazo de la relación con el FMI, el reporte del staff menciona reformas del lado de la oferta a mediano y largo plazo. “Interpretamos que esa mención abre la puerta para convertir el Stand By Arrangement (SBA, una línea para apoyar países frente a crisis de balanza de pagos más bien coyunturales) en un Extended Fund Facility (EEF, cuando los países enfrentan desafíos que tomará más tiempo resolver y requieren una asistencia con mayor período de repago)”, agrega la consultora.
A continuación, un análisis de los desvíos.
Desvío fiscal: la recaudación impositiva de los últimos meses ha quedado corta respecto a las anteriores previsiones. Por eso, se revisaron a la baja los ingresos fiscales por 1.7 puntos porcentuales del PBI, con las retenciones a las exportaciones, la seguridad social y el IVA liderando los recortes. Los mitigantes para arribar al equilibrio primario que se esperan son menores pagos de salarios y jubilaciones en relación al PBI (por 0.8 p.p.) como resultado de una mayor inflación, menores gastos en subsidios por ajuste de tarifas (por 0.2 p.p.) y menores transferencias automáticas a provincias (por 0.3 p.p.). La brecha remanente de 0.4 puntos deberá ser abordada por una combinación de un aumento de la recaudación y un recorte del gasto en inversión pública, de difícil implementación en un año de elecciones nacionales.
Desvío de inflación: los números de febrero con 3,8% de variación mensual y 51,3% interanual se encuentran por encima de previsiones previas del FMI. Si bien los precios regulados tienen parte de la explicación, la inflación core en 3,9% muestra que la presión inflacionaria es generalizada. La respuesta del Banco Central fue extender el crecimiento cero de la base monetaria hasta noviembre y reducir la pendiente de la zona de no intervención a 1,75% mensual. Sin embargo, un tipo de cambio con flotación pura dentro de la banda no ayuda a anclar precios ni expectativas.
“Ambos desvíos se desprenden del diseño de este programa, que si bien ha sido concebido por el Gobierno argentino, se ha presentado a imagen y semejanza de otros programas de asistencia a países en crisis. La parte cambiaria de nuestro SBA, con flotación pura dentro de la banda y control de agregados en un año de creciente incertidumbre política explica la persistencia de la inflación y la caída en el nivel de actividad, lo que arrastra a su vez un impacto negativo en la recaudación”, explica Econviews.
“En cuanto a la conversión de plazos de la asistencia del fondo desde SBA a EEF, la concentración de vencimientos en 2022 y 2023 (cuando se cumplen 3 años de los desembolsos originales de cada tramo) es lo suficientemente grande como para asegurar que, cualquiera sea el resultado electoral, hay incentivos de parte de Argentina y también del lado del FMI para acordar plazos más extensos para la devolución de los préstamos a cambio de implementar reformas estructurales, como una mayor apertura de la economía, un sistema tributario más eficiente, una reforma previsional y un mayor fomento de la competencia, en líneas generales”.
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