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Folklore, con frescura de peña

La familia Carabajal no sólo es reconocida en su provincia de base, Santiago del Estero, sino que el reconocimiento hacia el talento creativo de muchos de sus integrantes ha atravesado las fronteras regionales y aún las del país. Desde hace muchos años existe un grupo que se llama precisamente Los Carabajal, que arrancó en 1967 con una formación de cuarteto que incluía a los desaparecidos Agustín y Carlos más Cuti y Kali. Sólo este último permanece de aquella histórica formación por la que pasaron muchos otros integrantes del clan familiar. Cuti y Roberto, del mismo tronco familiar, conforman desde hace años un dúo; y el enorme compositor Peteco es el más destacado solista con ese apellido.
Carabajales es casi como una obviedad para una familia donde lo artístico-profesional y lo personal-festivo-musical está siempre íntimamente ligado y confundido. Peteco, Cuti, Roberto, Kali y Musha fueron hace 30 años la formación de Los Carabajal (en una de las varias que tuvo a lo largo de la historia); y ahora volvieron a juntarse para este álbum como tantas veces lo han hecho en su patio santiagueño. Con esa naturalidad peñera, grabaron un disco donde no hay vedettismos, ni búsquedas hacia lo moderno, ni arreglos atrevidos, ni rupturas con lo más tradicional. En esa sencillez es que este material se hace interesante, con un repertorio que reúne temas de integrantes de la familia y también títulos de Jorge Fandermole, Mota Luna, Jaime Roos y otros.
Ricardo Salton


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