29 de noviembre 2017 - 00:00

Forzadamente elíptico, Francisco reclamó el fin de los abusos en Myanmar

En un viaje complejo, la Iglesia local, obligada a mantener un precario equilibrio con el Gobierno en un país budista, le había solicitado que no mencionara a la minoría musulmana de los rohinyás. Más de 620.000 de sus miembros debieron huir en medio de macabros operativos de “limpieza”.

Protocolo. Francisco y Aung San Suu Kyi, la mujer fuerte de Myanmar, ayer en el palacio presidencial de Naipydo. Hubo cortesía, pero también mensajes severos del Pontífice argentino.
Protocolo. Francisco y Aung San Suu Kyi, la mujer fuerte de Myanmar, ayer en el palacio presidencial de Naipydo. Hubo cortesía, pero también mensajes severos del Pontífice argentino.
Naipydo - El papa Francisco cumplió ayer con el pedido de la Iglesia birmana de no mencionar a la perseguida minoría de los rohinyás durante su discurso ante las autoridades, pero no se privó, bajo la mirada de la consejera de Estado y verdadero poder de Myanmar, Aung San Suu Kyi, de reclamar respeto para todos los grupos étnicos que "sienten el país como un hogar".

En la segunda jornada de su difícil viaje Myanmar (ex-Birmania), Francisco viajó a la nueva capital Naipydo, ubicada literalmente en medio de la nada, para reunirse con al presidente, Htin Kyaw, y la premio Nobel de la Paz y jefa de hecho del Gobierno, Suu Kyi.

El Pontífice argentino se reunió privadamente y por separado con ambos, unos 15 minutos con el presidente y unos 20 con la mujer, con el telón de fondo de la crisis de los musulmanes rohinyás, a los que Myanmar no considera ciudadanos y a quienes desplazó masivamente hacia la vecina Bangladesh una terrible ofensiva reciente del Ejercito.

Nada surgirá de las conversaciones privadas, pero en el posterior discurso a las autoridades y ante la presencia de Suu Kyi, Francisco lanzó un discurso claro y directo sobre el tema de las minorías.

En el centro de Convenciones Internacional de la capital aseveró que "el futuro de Myanmar debe ser la paz, una paz basada en el respeto de la dignidad y de los derechos de cada miembro de la sociedad, en el respeto por cada grupo étnico y su identidad".

No hubo palabras sobre la "limpieza étnica" y el éxodo de los más de 620.000 rohinyás a Bangladesh y las atrocidades cometidas por el Ejercito, denunciadas por los supervivientes, pero sí el llamamiento de Francisco al "respeto por el Estado de derecho y un orden democrático que permita a cada individuo y a cada grupo, sin excluir a nadie, ofrecer su contribución legítima al bien común".

En un país donde el budismo es casi una religión de Estado, añadió que "las diferencias religiosas no deben ser una fuente de división y desconfianza, sino más bien un impulso para la unidad, el perdón, la tolerancia y una sabia construcción de la nación".

El papa Jorge Bergoglio indicó que las religiones "pueden contribuir también a erradicar las causas del conflicto, a construir puentes de diálogo, a buscar la justicia y ser una voz profética en favor de los que sufren".

El Pontífice recordó que este viaje se celebra pocos meses después de haber firmado en mayo el establecimiento de relaciones bilaterales entre ambos Estados y deseó que esta decisión sea "como una señal del compromiso de la nación para continuar buscando el diálogo y la cooperación constructiva".

Recordó que en Myanmar se ha sufrido y se sigue sufriendo a "causa de los conflictos civiles y de las hostilidades que durante demasiado tiempo han creado profundas divisiones".

El Pontífice, que el lunes fue visitado sorpresivamente por el cuestionado jefe del Ejercito birmano, a quien recordó las responsabilidades de las autoridades en este proceso de transición, aplaudió los esfuerzos del Gobierno para afrontar "este desafío".

Citó el ejemplo de la celebración de la Conferencia de Paz de Panglong, promovida por Suu Kyi, que reúne a representantes de los diversos grupos y destacó que tiene "el objetivo de poner fin a la violencia, generar confianza y garantizar el respeto de los derechos de quienes consideran esta tierra como su hogar". Pero advirtió de que "la reconciliación nacional sólo puede avanzar a través del compromiso con la Justicia y el respeto de los derechos humanos".

Más explícita fue Suu Kyi, quien habló antes que el Papa y que afirmó que "de los muchos desafíos" que está afrontando el Gobierno "el que ha capturado más la atención del mundo es el del estado de Rakáin". Y al respecto destacó que "el apoyo de los buenos amigos es inestimable".

Aunque recalcó que "los desafíos de Myanmar son muchos, cada uno de ellos requiere fuerza, paciencia y coraje", indicó que "el camino de la paz nunca es suave, pero es la única manera que llevará hasta el sueño de una tierra prospera y justa", agregó.

La Premio Nobel de la Paz ha sido severamente criticada por su silencio ante la limpieza étnica lanzada contra los musulmanes rohinyás, 1 millón de los 50 millones de habitantes del país. Francisco concluyó la jornada con un tuit y otro mensaje claro: "Espero que mi visita pueda abrazar a toda la población de Myanmar y animar la construcción de una sociedad reconciliada e inclusiva". Mañana dedicará su tercer día de viaje de visita al diálogo con los budistas y celebrará una misa para la pequeña comunidad católica del país.

En el aislado Myanmar, el 90% de la población es budista y cerca del 1% se declara católico, un total de 650.000 personas. Se espera que 200.000 asistan a la misa en el estadio Kyaikkasan Ground.

Agencias EFE, AFP, Reuters, ANSA y DPA, y Ámbito Financiero

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