• EL CONTRATENOR ARGENTINO INTERNACIONAL PROTAGONIZARÁ "GIULIO CESARE" EN EL TEATRO COLÓN La ópera de Händel tendrá dirección musical de Martin Haselböck y escénica de Pablo Maritano.
Fagioli. El famoso contratenor en uno de los ensayos de “Giulio Cesare” en el Teatro Colón.
Desde mañana a las 20, el Teatro Colón presentará "Giulio Cesare", la ópera de HTMndel, con puesta en escena de Pablo Maritano y dirección musical de Martin Haselböck. Integran el elenco Franco Fagioli, Amanda Majeski, Jake Arditti, Adriana Mastrangelo, Flavio Oliver, Hernán Iturralde, Mariano Gladic y Martín Oro. Habrá más funciones los días 9, 11 y 13. Dialogamos con Fagioli.
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Periodista: ¿Le interesó indagar en lo histórico del personaje?
Franco Fagioli: En su momento leí todo lo que me llegó a las manos sobre Julio César, la idea de que él se pensaba hijo de dioses, de una familia julia, sus ambiciones a nivel político, este revuelo que hizo en la estructura del gobierno de Roma, su vida amorosa con hombres y mujeres. Todo eso muestra un personaje fuerte, histriónico, donde se pueden jugar todas las facetas. HTMndel y el libretista han sabido plasmarlo perfectamente, han escrito un aria con cada tipo de carácter. Yo lo canté cuatro veces con cuatro directores diferentes, lo cual es un desafío porque cada uno tiene sus ideas. En este caso Maritano y Haselböck han hecho una lectura inteligente de la obra. Creo que la visión de Pablo va a sacar a la luz todo este histrionismo que hay en el libreto, este choque de culturas y valores romanos y egipcios. Actoralmente es muy interesante porque ya HTMndel lo hizo así, con los diferentes caracteres de las arias.
P.: Hace poco la mezzo Romina Basso nos dijo que tal vez lo más aproximado hoy a los castrati fuera la manera suya de cantar. ¿Cuál es su opinión?
F. F.: Es un gran halago, ella es una artista magnífica. La figura de los castrados es la que tenemos como estrellas del rock de la época. Están muy asociados a la tradición de la ópera italiana, que nació en el siglo XVI y sigue evolucionando pero nunca se cortó, no está dividida en períodos. "Bel canto" no es sólo el siglo XIX: es esta idea asociada a la tradición del canto italiano. Los castrados fueron formados en esa escuela, que enseña la búsqueda de lo que la naturaleza le dio a uno. El canto está ahí: hay que ir a buscarlo, o al menos eso decían ellos. Cantar es iluminar las palabras. ¿Quién nos abre esas puertas? La respiración, esa energía que tomamos. Nunca sabremos cómo cantaban los castrados. Pero vemos, por la escritura, que no cantaban todo con voz de cabeza sino que tenían un uso de la voz grave y la aguda, y que era uno de sus sellos personales mostrar esa diferencia. Por más que trabajemos para que todo suene igual y parejo, en esa época no se cantaba así. Y la música barroca y el bel canto, la ópera italiana, muestran todo el tiempo el uso de todos los registros. Las gargantas de los cantantes se conocen viendo la música escrita para ellos, cosa que tal vez olvidamos cuando hacemos ópera.
P.: Su evolución vocal, desde los comienzos hasta ahora, es notable. ¿Cómo la percibe usted?
F. F.: Cuando empecé tenía las notas centrales, tenía agudos pero no eran usables, porque no sabía técnica, y cuando empecé mi carrera en Europa hacía papeles de tesitura central-grave, como éste. Hubo después un trabajo técnico y un abordaje de los agudos lo más saludable posible, lo cual me permitió cantar un repertorio que no estaba tan manejado por los contratenores en grandes teatros o en la escena. Eso determinó la imagen que tengo en Europa, que es no sólo la del contratenor que hace lo que se espera, sino que canta cosas que antes no cantaban contratenores. Agradezco haber tenido esa guía que empezó en el Instituto del Colón, con Ricardo Yost y Mercedes Alas. Fui siempre muy "aparato" para cantar, pero lo que busco es que sea con salud. La voz no es nunca la misma, y el trabajo vocal no termina. Así como el sonido nunca está quieto, es una onda que se expande en el espacio, la voz es un continuo cambio, y nuestro trabajo es ser custodios de eso que pasa, desde afuera. El canto tiene eso: el instrumento está dentro, pero al mismo tiempo hay que tratarlo como si estuviera fuera.
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