- ámbito
- Edición Impresa
Fuerte impacto del Tea Party en Florida
Marco Rubio se convirtió anoche en el tercer cubano-estadounidense en llegar al Senado de EE.UU. Se trata de un ultraconservador de 39 años y fuerte carisma, carta destacada del movimiento del Tea Party.
Francisco Hernández, presidente de la FNCA y enemigo íntimo de Fidel Castro en los últimos 50 años, no ocultaba una satisfacción casi paternal ante un grupo de periodistas extranjeros, incluido este enviado: «Marco Rubio será el tercer cubano-estadounidense en llegar al Senado, pero el primero de la segunda generación nacida y criada en el sur de Florida. Estamos muy orgullosos, es un gran logro para nosotros».
Sin embargo, la comprensible satisfacción de los padres del exilio por la elección de Rubio no debe llevar a la falsa conclusión de que el anticastrismo alcanza la cima de su influencia en los resultados electorales. La situación es, más bien, la inversa, en la medida en que crece el peso de otras colectividades latinoamericanas y que las nuevas generaciones de cubanos amplían su horizonte de interés. Más que un cubano anticastrista -que lo es-, Rubio surfea la ola renovadora del Partido Republicano, con una agenda ultraliberal en lo económico, desparpajo de hablar con todas las letras a favor de políticas antiinmigrantes y el apego a valores conservadores inspirados en la religión.
Los datos electorales expresan, más que un corrimiento, la volatilidad del voto latino en Florida. Tras un largo dominio republicano, Barack Obama ganó en 2008 con un 51% en el estado, y entre la comunidad hispanoamericana, su apoyo creció hasta un 57%, según las encuestas. Ello va en consonancia con que el voto cubano representaba el 50% del sufragio latino a fines de los 80, mientras que, en las últimas citas, descendió al 31%.
Cambiantes
Las nuevas generaciones de cubanos van menos a las urnas y son más cambiantes. Según admite el propio Hernández en una sala en la que sobresalen fotos del fallecido Jorge Mas Canosa y otros dirigentes anticastristas junto a personalidades como Margaret Thatcher, Richard Nixon, Carlos Menem y el propio Obama, «los históricos, mi generación, tienen puntos de vista muy definidos y mayor influencia política. Ellos tienden a votar por los republicanos». «La generación intermedia, que ha sufrido mucho la represión, tiene muchos familiares en Cuba y se orienta a posturas más relativas según el caso; por último, los que llegaron en los últimos quince años, los balseros y sus hijos, los que escaparon de la crisis de la segunda mitad de los 90, con un promedio de edad de 27 o 28 años, están más orientados a mantener contactos con sus familias, y en general tienen menos poder político y económico. Tienden a ser o independientes o demócratas, en un porcentaje de 70 a 30, lo inverso de mi generación», especificó el dirigente.
En el marco de una conferencia con periodistas de todo el mundo, organizada por el Departamento de Estado en Miami, Darío Moreno, docente de Ciencia Política de la Universidad Internacional de Florida, apuntó que «llamativamente, los hijos de los exiliados pueden ser considerados más conservadores en muchos aspectos. Por ejemplo, en cuanto a mantener un mínimo gasto público, mientras sus padres apoyan una mayor intervención estatal». Aquí se encuentran los planetas con el fenómeno de Marco Rubio.
El voto cubano, concentrado especialmente en el sur de la península, representa el 7% del total del padrón que acude a las urnas. Lógicamente, los otros latinoamericanos de la zona tienen un foco de interés alejado de Cuba, miran mayormente con distancia la «alfombra roja» que recibe a los anticastristas, demuestran intereses más vinculados a su propia realidad como inmigrantes.
Consultada por este diario en las afueras de un centro de votación en South Miami, la psicóloga peruana Blanca Gálvez, de unos 50 años, marcaba ayer el tono de esta diferencia: «Marco Rubio no es de origen latino, es cubano, y ellos tienen otros derechos que no tenemos, por ejemplo, los peruanos. Rubio no es un buen ejemplo, para nada». Acerca de quienes apoyan la propuesta del senador electo de negar derechos a los hijos de los indocumentados, Gálvez los califica como gente «egoísta que no conozco ni los quiero conocer. Vine cuando tenía 13 años, le estoy muy agradecida a este país, pero el Tea Party es absolutamente racista».


Dejá tu comentario