La discusión para que los jueces ingresados como tales a partir de 2017 pagaran Ganancias fue parte de un debate más general a fines de 2016 sobre ese tributo, que se desmadró en Diputados tras el pícaro abrazo Massa-Kicillof-Bossio-Donda. Ese “acuerdo” entre diferentes bloques de la oposición fue noqueado días después por el Senado, que modificó el proyecto y lo devolvió con cambios a la Cámara baja, quien finalmente sancionó la iniciativa en sesiones extraordinarias.
El serpenteante líder del Frente Renovador, Sergio Massa, inició ese año como la oposición “responsable”, mostrándose junto a Macri. Sin embargo, su zigzagueo y política de “cheque en blanco” que creía que le daba el resto del peronismo en el Congreso para negociar leyes -parte del justicialismo ya estaba separado en Diputados pero aún unido como Frente para la Victoria en el Senado- se agotó por la cuestión de Ganancias.
La puja en Diputados no pudo ser frenada en ese momento por el presidente de la cámara y peronista con témpera PRO, Emilio Monzó. Días atrás, tampoco logró visualizar la nueva jugada de los massistas, el kirchnerismo, progresismo silvestre y justicialismo para arrebatarle al oficialismo las dos bancas por la mayoría en el Consejo de la Magistratura.
Estos episodios tienen una diferencia de dos años. En el medio aparecen las traumáticas jornadas de fines de 2017 con la reforma de la fórmula para actualizar los haberes jubilatorios y la trifulca que se dio en Diputados, en octubre pasado, durante el debate del Presupuesto 2019. Para los próximos días, Monzó ya tiene acordada su continuidad un año más como presidente de la Cámara baja, más allá de las constantes señales que él desliza a través de su entorno para “volver al llano” una vez que finalice el actual mandato de Cambiemos.
Con respecto al proyecto de Ganancias, y ante el temor por un festín recolector en baja, gobernadores se comunicaron rápido con la pata peronista del FpV en el Senado para modificar el proyecto votado por Diputados. Desde lo judicial -temor a que quedaran atrapados en el impuesto todos los empleados y magistrados- aparecieron la CGT -vía Julio Piumato- e incluso emisarios de la Corte Suprema de Justicia, entonces en manos de Ricardo Lorenzetti.
Veamos qué se dijo en el recinto del Senado el 21 de diciembre de 2016:
* Guillermo Pereyra (Movimiento Popular Neuquino-gremialista petrolero): “Yo no comparto que un sector de los jueces, que se incorporen en 2017, tributen el Impuesto a las Ganancias. Porque entonces esto va a traer como consecuencia una discriminación y seguramente vamos a tener serios problemas de presentaciones judiciales de estos jueces que tienen que tributar. Yo sigo sosteniendo que no pueden ser una clase privilegiada la de los magistrados de la Nación y que por el solo hecho de una acordada ellos no tengan que tributar. Tienen que tributar, como todos los argentinos que pagamos nuestros impuestos. Ellos también tienen que dar el ejemplo y pagar impuestos”.
* Adolfo Rodríguez Saá (peronismo disidente): “Cuando dicen que vamos a compensar con los que ingresen como jueces nuevos, tenemos que preguntarnos qué son los jueces nuevos. Los que vamos a designar. Bien. Y cuando nosotros designemos camarista en el fuero contencioso administrativo al que es juez del juzgado de primera instancia, ¿es una designación nueva o ya es juez y, entonces, está comprendido en la intangibilidad que plantea la Corte? Bueno, vamos a suponer que sucediera. ¿Cuántos jueces vamos a designar el año que viene? ¡Treinta, cuarenta! ¿Con el Impuesto a las Ganancias del sueldo de treinta jueces ustedes creen que se compensa a las provincias argentinas? ¡Por favor!”.
* Miguel Pichetto (jefe del entonces Frente para la Victoria-PJ): “La Cámara de Diputados puso el tema en discusión. La verdad es que debo decirlo y no quiero poner la mecha donde no corresponde o herir susceptibilidades: el proyecto del Poder Ejecutivo fue muy magro, muy pobre, no condecía con todo lo que se venía planteando. Además, vivimos el último año un proceso inflacionario muy fuerte que afectó fuertemente el poder adquisitivo de la gente. Entonces, Diputados planteó el debate. Habrá habido algunas distorsiones, es probable; eso quedará como evaluación, como juicio. ¿Qué hizo el Senado? Con todos los bloques, con todos los presidentes de bloque no tomó una decisión individual. Fue una decisión orgánica de este Senado por lo que representamos y dijo ‘bueno, acá me parece que, como decía Marechal, de un laberinto se sale por arriba’, de los problemas profundos se sale por arriba. Y hacía falta que el Presidente convocara, que el Gobierno convocara y retomara un camino de diálogo que había sido cerrado y que además no condecía con la política parlamentaria que el gobierno venía sosteniendo hasta la propia sanción del Presupuesto”.
El proyecto de modificaciones del Senado obtuvo el aval de 56 legisladores de todos los bloques, 12 abstenciones y dos votos en contra de los ultrakirchneristas Ruperto Godoy (Santa Juan) y Daniel Pérsico (San Luis). Poco después de las 19 de ese mismo día, el titular de la comisión de Presupuesto y Hacienda de Diputados, Luciano Laspina (PRO), abrió el debate para dictaminar las modificaciones recién arribadas de la cámara alta.
A las pocas horas, el despacho fue votado por Diputados. El bloque kirchnerista se ausentó casi en su totalidad por estar en desacuerdo con el Senado. El massismo se llamó a silencio y votó junto al oficialismo tras una nueva voltereta del serpenteante tigrense.
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