García Belsunce: peritaje psiquiátrico a mucama de Bártoli

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Catalina Vargas, la empleada de la casa del imputado Guillermo Bártoli que es una testigo clave en la causa por el crimen de María Marta García Belsunce, volvió ayer a complicar la coartada de su expatrón, pero su testimonio quedó relativizado porque el tribunal resolvió hacerle un peritaje psiquiátrico.

Por su parte, John Hurtig, el mediohermano de María Marta García Belsunce acusado de encubrir el crimen, declaró ayer y aseguró que «no tenía idea» de que el «pituto» era una bala, señaló que él fue el único que decidió arrojarlo al inodoro y que más allá de sus dudas en el velatorio, el responsable de investigar era el fiscal Diego Molina Pico.

Más tranquilo que el pasado martes cuando declaró a gritos clamando por su inocencia, Hurtig retomó su declaración indagatoria frente al Tribunal Oral en lo Criminal 1 de San Isidro en la tercera jornada del juicio en el que es uno de los seis imputados por el encubrimiento del homicidio.

«No tenía idea de qué era, consulté y llegué a la conclusión de que no era nada importante», sostuvo Hurtig al declarar sobre la bala que encontró en el baño de la casa del country Carmel donde mataron a su hermana el 27 de octubre de 2002. El asesor de seguros explicó cómo fue el hallazgo del famoso «pituto» al que esta vez trató, infructuosamente, llamarlo «pieza metálica».

Desconocimiento

«Como me manché el antebrazo con sangre, voy al baño y ahí tirado en el piso, a la altura donde estaba la cadera o la cola de María Marta, encuentro el pituto», explicó John. «No tenía ni idea de qué era ese elemento metálico. Le pregunté a papá y me dijo que no sabía. Lo llamé a mi hermano Horacio (García Belsunce, también imputado) y dijo que podía ser la punta de un portaestante y se puso a revisar el vanitory», relató.

John declaró que luego le consultó a un amigo de la familia, «Yayo» Zarracán, que también le dijo que no sabía qué podía ser el plomito y que finalmente le consultó al viudo Carlos Carrascosa, que le dijo que probablemente era «algo que habían desparramado los médicos en su intento por reanimar a María Marta».

De los testigos convocados ayer por la fiscalía en el juicio, Vargas era la más esperada. Carlos Carrascosa y Bártoli siempre declararon que aquel 27 de octubre de 2002, después del partido Boca-River, se quedaron en la casa del segundo viendo el encuentro siguiente entre Independiente y Rosario Central, pero Vargas volvió a afirmar ayer que después del clásico, en el living, «no quedó nadie».

La testigo explicó que cuando los invitados se retiraron de la casa, ella fue al living a recoger los pocillos de café y tazas de té y a acomodar los almohadones. Cuando la fiscal Laura Zyseskind le preguntó a qué hora fue eso, Vargas contestó: «Habrá sido a las seis» de la tarde y dijo que lo recordaba porque «tenía la radio encendida y tocó el top de las seis».

Los horarios son importantes porque según la hipótesis fiscal que terminó con Carrascosa condenado a perpetua por el homicidio, en esos momentos María Marta estaba siendo asesinada.

Si bien afirmó que en el living no había nadie, Vargas ayer dijo que no podía precisar si en la casa había personas. «La casa es muy grande. Yo no le podía precisar si estaba la señora», dijo cuando la fiscal le preguntó por Irene Hurtig.

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