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Gelabert: llevar la danza al espacio de lo cotidiano
Cesc Gelabert: «Me hubiera gustado ser Lionel Messi o un personaje importante para hacer que la danza estuviera en el sistema educativo».
Periodista: ¿En qué consiste la propuesta que se verá en el Colón?
Cesc Gelabert: A veces lo llamo «Cesc Gelabert, versión original», con algún plus, una recopilación de solos que he creado. El más antiguo es de 1982 y el más reciente de 2005. Tengo una compañía con mi mujer, Lydia Azzopardi, pero siempre sentí pasión por hacer espectáculos yo solo. Es ir al núcleo duro de mi trabajo, mi laboratorio, el lugar de donde sale un poco todo.
P.: Cada solo utiliza música de un autor diferente. ¿También hay diferencias en el lenguaje coreográfico?
C.G.: Las músicas son algunas muy distintas, otras se acercan bastante: una utiliza ska, otra música de Federico Mompou, que es nuestro Debussy, de Nino Rota, de Carles Santos, que es amigo mío... Respecto de lo coreográfico, dado que todas las coreografías son mías tienen un sello personal, aunque yo pienso que cada ser humano tiene al menos 3 facetas, que son comunes a todos, pero estos solos son la quintaesencia de mi trabajo. Yo apunto a una «diversidad informada», o «biodiversidad cultural». Me siento comprometido con la danza pero no hago repertorio concreto, ni clásico ni neoclásico, ni flamenco, y estoy orgulloso de haber contribuido al desarrollo de la danza en Catalunya y haber trabajado para esta diversidad, lo cual no es nada fácil, porque estamos muy clasificados. Busco que mi danza esté enraizada con mi tiempo y mi lugar.
P.: ¿Le interesa especialmente que el mensaje llegue con claridad?
C.G.: Pienso que cuando se baila nunca se tiene la precisión de una palabra, el movimiento no puede poseer conceptos. Esto le da una ambigüedad, pero en el momento de bailar se está pensando, y el pensamiento puede ser tan preciso como la palabra, siempre va acompañado de la emoción, y eso es lo más bonito que tiene la danza, que integra distintos estratos. Para mí esto le da una veladura y lo abre a una multiplicidad de espectadores y de puntos de vista, y el gran ejercicio es trabajar con puntos de vista distintos. El secreto está en dar lugar a esta diversidad y el mismo tiempo ir a la esencia del ser humano. Por eso me gusta dar algún referente, siempre comento mis obras, y creo que los espectadores lo agradecen.
P.: Usted ha estudiado arquitectura, además de danza. ¿Siente que esa disciplina influye en su labor coreográfica?
C.G.: Bueno, para mover en el espacio las 208 piezas que componen nuestro cuerpo adecuadamente hay que estudiar la perspectiva y otros aspectos arquitectónicos. Es un acto de una gran complexidad. Pienso que la buena arquitectura es la que contempla el movimiento dentro de ella. Para bailar es fundamental percibir el espacio en el que me muevo, y tengo que lograr que el espectador tenga tiempo de ver algo que no está quieto y entender, y para eso tengo que sentir el espacio, aunque no es fácil. En un bailarín se nota enseguida si es capaz o no de mostrar línea, y de cambiar o no la energía del espacio.
P.: Se lo advierte interesado en ampliar los horizontes de la danza...
C.G.: La danza tiene muchas ramas y puede tener muchas implicaciones para la sociedad, pero estamos un poco lejos de esas cosas. Hay algunas dificultades que vencer: si yo hablo de Picasso con el gerente de un banco, seguramente me va a poder seguir la conversación, pero si le hablo de Merce Cunningham o Martha Graham, muy probablemente no sepa quiénes son, y puede ser que nunca haya pintado, pero todo el día está bailando, interactuando con el espacio. A mí me hubiera gustado ser Lionel Messi o un personaje importante para hacer que la danza estuviera en el sistema educativo. Yo estuve dando clases en escuelas de Barcelona con alumnos de 15 países, algunos de los cuales ni siquiera hablaban español, y al cabo de una hora nos comunicábamos bailando. La cantidad de dinero que les cuesta a las compañías los accidentes laborales, o los problemas posturales, el desinterés... la danza ayudaría enormemente. Pero bueno, hay mucho por hacer todavía en ese aspecto.
Entrevista de Margarita Pollini


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