8 de noviembre 2013 - 00:00

Gobierno acelera el dictamen para votar el nuevo Código

Cristina de Kirchner, Elena Highton de Nolasco, Ricardo Lorenzetti
Cristina de Kirchner, Elena Highton de Nolasco, Ricardo Lorenzetti
El kirchnerismo acelera los tiempos en el único tema al que el Gobierno le dio prioridad en este fin de año. El próximo jueves habrá reunión, después de meses de inactividad, de la Bicameral que analiza la unificación y reforma de los Códigos Civil y Comercial. Se sabe, porque ella misma lo repitió en incontables ocasiones, que Cristina de Kirchner quiere dejar tras su Gobierno dos especies de obeliscos ceremoniales que recuerden su obra legal: la ley de medios y la unificación de los Códigos.

Este apuro por despachar en los recintos semejante ley antes del 10 de diciembre no se basa, de todas formas, sólo en ese espíritu, sino en argumentos técnico-parlamentarios y en la convicción de que, a pesar de que el kirchnerismo haya retenido el quórum junto a sus aliados, la situación política de los recintos no será la misma a partir de ese día de diciembre.

La orden, entonces, llegada desde el reposo de Olivos fue aprobar ese proyecto antes que al Congreso le llegue la asunción de los nuevos diputados y senadores y las vacaciones.

El primer punto para cumplir con esa intención es que el kirchnerismo logre dictamen de mayoría. La Bicameral para la Reforma, Actualización y Unificación de lo Códigos Civil y Comercial se reunirá el próximo jueves a las 14 en el Salón Azul del Senado.

Como en todo debate que apura el oficialismo, ese mismo día deberá aparecer el dictamen de mayoría, que operara tanto para Diputados como el Senado si es que el kirchnerismo pretende votar el proyecto antes de fin de año.

La Bicameral tiene que transformar en dictamen ese día el proyecto que envió el Gobierno, el mismo que durante meses viajó por todo el país de audiencia en audiencia por pedido de gobernadores e intendentes que se subieron a la euforia de esa ola codificadora que capturó al kirchnerismo, más las modificaciones que, se supone, ya están acordadas.

Con el dictamen firmado las opciones en el Senado son debatirlo el 20 de noviembre o el 27. La sesión de la semana próxima, el 13, donde los senadores quieren aprobar la demorada autorización a tropas argentinas para que participen en ejercicios militares en el exterior, sería demasiado pronto.

En Diputados ya está convocada, extraoficialmente, una sesión para el Código Civil el 27 de noviembre, pero aún no está confirmado. El problema, entonces, no es el debate ya que lo que apruebe la Bicameral no podrá ser modificado en los recintos, sino llegar a tiempo antes del 10 de diciembre.

El segundo punto en cuestión son las negociaciones por los cambios que se introducirán en ese proyecto.

En el Congreso se afirma que ya no existen demasiados problemas con el texto final del proyecto. Tras el paso de la mano del papa Francisco sobre el texto (con monseñor Arancedo como ejecutor) y la paz cerrada con la Corte Suprema y Ricardo Loren-zetti, está claro que el Código Civil no será el mismo que se anunció en el acto del Museo del Bicentenario debajo de la Casa Rosada (el mismo día que Cristina de Kirchner dijo sentirse Napoleón, por el padrinazgo que el emperador tuvo sobre el revolucionario código civil francés), pero al menos está en condiciones de ser votado.

De esa idea original habría que dar de baja el tratamiento legal de la maternidad sustituta, hoy imposible en la Argentina, e introducir algunos retoques de fondo en la definición del momento de nacimiento de la persona, que complicará los principios más modernos de la fertilización asistida y el uso posterior de óvulos y embriones descartados.

No parece que vayan a existir diferencias ahora en otros puntos en conflicto entre la propuesta de la comisión integrada por Lorenzetti, Elena Highton de Nolasco y Aída Kemelmajer y el que envió el Gobierno al Congreso, como fue la modificación del tratamiento de los contratos entre particulares celebrados en dólares que esta reforma habilita a que sean cancelados en pesos. Por lo menos el kirchnerismo logró que a ese proceso ya no se lo llamara más pesificación.

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