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Gobierno pulió última Asamblea
El acto arrancará a las 12 tal como aclara el decreto 234/2015 que la Presidente firmó junto con Jorge Capitanich.
Hasta allí, el dato frío para cumplir con la obligación legal de la convocatoria y el protocolo que la Constitución establece para el caso.
Por fuera de esa letra, aparecen las novedades. Esta vez no habrá vicepresidente que reciba a Cristina de Kirchner en la escalinata de honor de ingreso al Palacio por la calle Entre Ríos.
Mientras el acto que organizó el kirchnerismo en la Plaza del Congreso para acompañar a la Presidente en la última oportunidad que tiene de hablar ante la Asamblea caliente el ambiente en respuesta también a la marcha del 18-F, será un radical convertido K, Gerardo Zamora, el encargado de abrirle la puerta del Congreso. Convenientemente, Amado Boudou estará en ese momento en Montevideo para presenciar la asunción de Tabaré Vázquez.
Está claro que la misión de Boudou no será fácil: va a representar allí al Ejecutivo argentino en un acto donde asumirá, precisamente, el presidente que, ya en su mandato anterior, tuvo una de las peores relaciones con la Argentina que se recuerde en la historia rioplatense. Los diarios y blogs de Montevideo multiplicaban lecturas diversas ayer sobre el sentido del viaje del vicepresidente argentino.
La decisión de enviar a Boudou a Uruguay no fue un imprevisto de último momento, como algunos podrían especular. Se tomó, por orden de la Casa Rosada, al día siguiente que la Cámara Federal confirmó su procesamiento, aunque para los medios la noticia de su ausencia en la foto con Cristina de Kirchner en la Asamblea se haya conocido recién ayer.
Para el bloque kirchnerista, la combinación que eligió la Casa Rosada para enviar a Boudou al exterior el domingo sólo ayudó a sumar broncas.
Es que para los senadores era importante despejar el efecto Boudou del recinto en la sesión preparatoria de mañana que en la Asamblea Legislativa. El problema, como siempre, son las protestas de la oposición contra la presencia del vicepresidente en el recinto. En la sesión preparatoria volverán a multiplicarse y se sabe que a Miguel Pichetto lo tienen cansado tanto como esas protestas opositoras, que sus propios senadores se desaten con largas peleas que terminan complicando el recinto.
El PJ hubiera preferido, entonces, que tomada la decisión de enviar a Boudou a la asunción de Tabaré Vázquez, el Gobierno le hubiera regalado al vice un fin de semana completo en Uruguay y evitado así al bloque de Pichetto tener que soportar una vez más las acusaciones de la oposición en el recinto.
En realidad, ese deseo peronista siempre fue de cumplimiento imposible: hace tiempo que Cristina de Kirchner apostó a la estrategia de mantener a Boudou en el sitial de presidente del Senado durante las sesiones diga lo que diga la oposición.


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