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Gran impacto visual y sonoro a falta de unidad conceptual
Piquín es un príncipe villano ataviado de plumas a la manera de las icónicas vedettes de otros tiempos y se suma a algunas acrobacias, pero baila muy poco, tal vez por la energía que le demanda “Bailando por un sueño”.
Sean Mckeown, director y coordinador artístico de varias producciones del Cirque du Soleil, decidió crear su propio show en Buenos Aires (ciudad que desde 2010 considera su segundo hogar) y para ello convocó a artistas de primer nivel provenientes de Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Ucrania, Brasil y Argentina.
"Signum" es un espectáculo de gran impacto visual y sonoro que incluye proyecciones, música en vivo y una iluminación de intenso colorido. Su formato no así su estética- tiene la impronta de la mencionada compañía canadiense. Para citar un ejemplo, aquí también hay un personaje que transita por un universo mágico u onírico y en su recorrido va enlazando distintos cuadros circenses (acrobacia aérea, contorsión, cintas, cuerdas, malabares, etcétera). El viaje lo realiza una joven que cae por un hueco, como "Alicia en el País de las Maravillas", se multiplica en varios espejos, muere y resucita un par de veces, y antes de encontrar el amor, es acechada por una especie de príncipe villano, ataviado de plumas, a cargo de Hernán Piquín. El eximio bailarín (que fuera primera figura del Ballet del Teatro Colón y del Ballet Argentino de Julio Bocca, antes de incursionar en el más popular "Bailando" de Marcelo Tinelli) explota su magnetismo escénico a la manera de las icónicas vedettes de otros tiempos y se suma a algunas acrobacias. Aunque, a decir verdad, baila menos de lo esperado, apenas unos pasos de danza clásica que ni siquiera llegan a definir una coreografía, pero que brindan una clara muestra de su virtuosismo. Tal vez la energía que le demanda su ya tercera participación en el reality televisivo, más algunas lesiones que arrastra desde hace un tiempo, le hayan impedido ocupar a pleno su rol de bailarín.
Tres cantantes acompañan a la protagonista entre paisajes intergalácticos, selvas, bosques y un curioso templo shaolín, donde los monjes caminan por las paredes (cama elástica mediante) brindando uno de los mejores cuadros del show.
El público festeja con particular entusiasmo a los magníficos gimnastas Corey E. Hartung y Luke Rooney, al fauno que juega con un aro (Martín Samanna) y a los malambistas de "El potro ballet", si bien la vertiente criolla de este último número tiene muy poco que ver con el imaginario de un espectáculo que carece de unidad conceptual, pero ofrece variados atractivos.


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