8 de septiembre 2015 - 00:00

Grandinetti: “Impresiona la fe del Papa en su Fe”

Darío Grandinetti: “Estuvimos unos cinco minutos con Francisco, y nos atendió muy amablemente. Ni ahí ni después se metió en la película, él tiene cosas mucho más importantes que atender”.
Darío Grandinetti: “Estuvimos unos cinco minutos con Francisco, y nos atendió muy amablemente. Ni ahí ni después se metió en la película, él tiene cosas mucho más importantes que atender”.
Darío Grandinetti ha interpretado a muchos personajes históricos, y ahora a Jorge Bergoglio, y no se parece a ninguno de ellos. ¿Cómo hizo para que el público le creyera y los productores le siguieran ofreciendo papeles basados en figuras públicas que no se le parecen? Dialogamos con él:

Periodista: Usted ha encarnado a Gardel, Fangio, Sarmiento, y ahora a monseñor Bergoglio. Creo que me olvido de uno.

Darío Grandinetti:
Haroldo Conti, que hice en el docudrama "Homo Viator", y Pablo Neruda, que hice en teatro, con la pieza "El cartero".

P.: Y no se parece a ninguno.

D.G.:
Mi viejo era medio parecido a Conti, según pude apreciar en algunas fotografías. Entonces, como tengo un aire a mi viejo, por carácter transitivo tengo un poquito un aire a Conti. Me encuentro también algún parecido con Sarmiento, empezando por el pelo. Lo hice en "Algo habrán hecho", pero el resultado fue un disparate porque la televisión nunca da tiempo para nada. Lo de Neruda fue mejor, ayudado por el maquillaje y una botarda que me pusieron para parecer más gordo. Así que le tomé la voz, y como él tenía una especie de gota, imaginé que a veces le dolería y trabajé sobre eso.

P.: ¿Y las otras caracterizaciones?

D.G.:
La primera, en "Sus ojos se cerraron", es una historia bien inventada, y una completa ficción. Yo hacía de un tipo común al que todos le decían "sos igual a Gardel" (que también hacía yo), entonces terminaba trabajando como doble del artista. Teníamos esa licencia, que el público aceptaba. Pero creo que esa convención también funciona para las demás caracterizaciones. Cuento con la aceptación del espectador, que sabe que ni siquiera me parezco al personaje.

P.: Qué curioso, suena como la lógica de "El impostor inverosímil Tom Castro", de Borges. Hábleme de "Operación Fangio". Ya lo había interpretado Armando Bo en "Fangio, el demonio de las pistas", pese a la diferencia de estatura.

D.G.:
Con el "Chueco" fue con quien tuve más prurito. Él era ancho, retacón, rubio de ojos claros, y aunque me pusieron lentes de contacto no me parecía para nada. Pero siempre, en todos los casos, se trata de encontrarle la energía y el comportamiento gestual propios de la persona que encarno. El mayor trabajo es encontrar la energía de la persona que interpretás. Pongo especial énfasis en eso. Intento robarle el alma. El resto lo vas acomodando.

P.: En ese caso le sacó muy bien su mirada sobre las cosas, la entonación, la calma provinciana y el sentido del humor.

D.G.:
Le pregunté al director, Alberto Lecchi, si podía agregar frases que sabía que él había dicho, tipo "se agarra el volante a las 10 y 10", enseñando cómo poner las manos sobre el volante, y también algunas frases profundas que decía de modo sencillo. Fangio era un paisano sabio.

P.: ¿Y cómo hizo para "Francisco, el padre Jorge"? ¿Cómo elaboró a monseñor Jorge Bergoglio, que además de sabio y conocido es contemporáneo nuestro?

D.G.:
No ha sido fácil. Por donde fuéramos, siempre había gente que te hacía saber lo que estabas haciendo, gente que lo conoce, más preocupada que yo porque saliera bien mi trabajo. No me asustó hacerlo, porque entendía que lo nuestro era un intento de aproximación, pero, por supuesto, me importa mucho la opinión de la gente que lo conoce.

P.: Para filmar recorrieron toda clase de lugares.

D.G.:
Y en todas fue muy movilizante comprobar las huellas que dejó este hombre. Muy conmovedor. La gente de las villas se emocionaba al contarme cómo andaba entre ellos. Lo están esperando, porque saben que lo primero que hará cuando vuelva será ir a verlos. Y él es muy porteño, debe estar extrañando como loco. Más allá de las creencias, reconozco que este papa me gusta. Me gusta para qué lado apunta. Y aprecio mucho el respeto con que todos hemos hecho la película.

P.: La escena, y el escenario de la elección papal son impresionantes.

D.G.:
Ésa es la parte que más me gustó actuar, cuando se la ve venir. Estoy casi convencido de que no se la esperaba. Me impresiona que en su vida le pasaron tres cosas inesperadas y supo responder: fue nombrado principal jesuita a una edad temprana, arzobispo de Buenos Aires estando prácticamente exiliado en Córdoba, y papa. Y él aceptó, llevó adelante cada misión que le encomendaron, y en todos lados hizo algo fuertísimo. Me impresiona la fe en su Fe que demostró en todo momento.

P.: ¿Pudo conocerlo?

D.G.:
Fuimos a verlo con el director, Beda Docampo Feijóo. La embajada argentina nos consiguió un buen lugar en la plaza para su salida de los miércoles. ¡No sabe lo que es! ¡La gente grita como si fuera un ídolo de rock! Y el riesgo que asume, porque se le acercan, recibe chocolates, toma mate de cualquiera que le ofrezca con toda confianza, es así. Yo quería charlar por lo menos media hora con él, pero eso enseguida quedó descartado. Se acercó, nos dedicó amablemente cinco minutos, ni siquiera tuvimos necesidad de presentarnos porque ya sabía quiénes éramos, y siguió. Ni ahí ni después se metió en la película para nada, él tiene cosas mucho más importantes que atender.

P.: ¿Qué impresión le causó?

D.G.:
Un gran tipo, un animal político, un hombre con calle, y bien porteño. Además, eso de andar a pata por todos lados, de mantener la coherencia. Quienes lo conocieron no están sorprendidos. Sorpresa sería si hubiera cambiado. Me gustó recorrer su vida, es una personalidad apasionante. Es probable que mi trabajo más o menos me haya salido bien porque me apasionó. Ahora, si acerté o no, eso es subjetivo, y no tan importante. Lo importante es él.

P.: Ya después de éste, ¿se acabaron los papeles basados en personajes reales?

D.G.:
No sé, estaría bien. Con éste creo que nos podemos retirar tranquilos. Pero parece que los productores se dicen entre ellos "llamalo a éste, que hace los reales". Y siempre son personajes buenos, nunca un famoso hijo de su madre. El próximo personaje de la vida real que me ofrezcan, si es bueno lo voy a rechazar.

Entrevista de Paraná Sendrós

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