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Grey judía celebra el Pésaj
A pesar de este inicio trágico, la fiesta es una de las más jubilosas del calendario judío: es casi obligatorio reunirse con familiares y amigos para compartir el «séder» (orden) de Pésaj, las cenas que se desarrollan dos noches consecutivas.
La costumbre proviene de los tiempos del Gran Templo de Jerusalén, destruido en el primer siglo de la era común por los romanos: por entonces cada familia debía ofrecer un cordero en sacrificio, que tenía que ser totalmente consumido esa misma noche. Dado que muchas familias no eran lo suficientemente numerosas como para dar cuenta de un animal entero y otras no tenían para comer, se compartía con quienes menos tenían.
A pesar de que hay deliciosos manjares típicos de Pésaj, está vedado el consumo de harinas leudadas: el motivo es que las mujeres, por el apuro, debieron llevarse de Egipto el amasijo a medio leudar. El pan es reemplazado por la «matzá», una galleta de harina sin leudar y agua; la prohibición comienza hoy y se extiende durante siete días. Los judíos más observantes limpian de «jamétz» (productos de harina leudada) sus hogares, y «venden» panes, tapas de empanadas, galletitas, cervezas y whiskies, entre otros. La venta es simbólica: pasada la fiesta, se «recompran» esos alimentos por el mismo importe.
En la mesa se coloca esta noche un plato con tres «matzot» (para simbolizar las tres ramas del pueblo judío: Levitas, Cohanim, Israel) y otros seis elementos que simbolizan la esclavitud y la posterior liberación. También se deja la puerta entreabierta y se sirve una copa extra de vino por si Elihau Hanaví (el profeta Elías) decide unirse a la fiesta.


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