15 de febrero 2013 - 00:25

Grupo Santa Teresita, segundo round se amplía entre recelos

• La reserva con Boudou.
• Menú de pretensiones.
• Protagonismos y velocidades

Amado Boudou, Julián Domínguez, Fernando Espinoza, Martín Insaurralde
Amado Boudou, Julián Domínguez, Fernando Espinoza, Martín Insaurralde
A la distancia, Cristina de Kirchner decretó el inicio de la temporada electoral: habilitó que en su nombre -o como ofrenda a su jefatura-, el 9 de marzo se organice en La Matanza una cumbre para reunir bajo un mismo paraguas a las diversas tribus que habitan la galaxia K.

Con su guiño, la Presidente estiró la sobrevida del grupo Santa Teresita que debutó, entre picardías e ingenuidades, a fin de enero en la costa atlántica, resultó eficaz en el ejercicio de amontonar a los dispersos, pero tropezó por una parrafada de Amado Boudou.

La cita le regaló a Cristina la foto de setenta intendentes, treinta legisladores provinciales y una quinchera de diputados nacionales, con manifiesta exclusión de Daniel Scioli y Sergio Massa, ausencias que no compensaba la presencia de emisarios cercanos a ambos.

Como beneficiarios accesorios, Boudou encontró una tarima -que no abundan-, Julián Domínguez amplificó su peña rosista peronista y el dueto de alcaldes Fernando Espinoza y Martín Insaurralde avanzó otro casillero en su juego de posicionamientos para octubre.

El negocio no pudo ser redondo, porque el vice despotricó feo contra Scioli y desvió la discusión: el amontonamiento de caciques, que hacía tiempo no se veía, terminó como un dato periférico a la valoración de Boudou respecto de la cobardía del gobernador.

Peor: la embestida contra Scioli, que conoce de memoria el libreto de la victimización, desdibujó el principal efecto del encuentro que era su condición de sorpresivo. En el segundo round, como las sagas en el cine, ese elemento ya no está y la expectativa muta.

Convocatoria

En la escala matancera la convocatoria será ampliada para incorporar a delegados del sciolismo, no al gobernador en persona, pero sí con la presencia de algún emisario suyo. Con Massa, en principio, se repetirá el modelo Santa Teresita: invitar a intendentes que orbitan al tigrense.

Se da por hecho, además, que Julio De Vido, el encargado del plan de obras que el año pasado anunció Cristina para los municipios, esta vez estará presente. En Santa Teresita lo habían anunciado, pero finalmente no fue, al igual que Florencio Randazzo, acotado a la cuestión transporte, sobre todo por el calendario que acerca el primer año de la tragedia de Once.

Más allá de la inevitable ronda de elogios hacia Cristina, podrían despuntar algunos debates sobre la táctica electoral para las primarias de agosto y las generales de octubre, asunto que está presente en las reuniones de intendentes.

En rigor, la segunda escala del Grupo Santa Teresita -si resulta ordenada y útil, luego llegará otra en 3 de Febrero o Ituzaingó- marcha a convertirse en una mesa inorgánica del PJ bonaerense, que se normalizó a fines del año pasado para evitar una acefalía jurídica.

Aquel trámite fue, también, «copado» por Boudou, que ofició de vocero de la reunión del Consejo partidario y luego ocupó la cabecera durante el Congreso. Nadie, por tanto, pudo sorprenderse por la centralidad del vice en Santa Teresita porque ya había sido protagonista en los dos sucesos previos.

Sobrevuelan, de hecho, las pretensiones de al menos dos organizadores para convertirse en jefe del partido: Espinoza lo blanqueó hace tiempo y hasta salió a juntar respaldo para ello; con más sigilo, la misma aspiración tiene Julián Domínguez.

La visibilidad del vice, los posicionamientos para la interna partidaria y para la lista de legisladores, que entretienen a Espinoza e Insaurralde, son los tres elementos que generan recelos en la mayoría de los intendentes que aceptan la disposición de Cristina de aparecer parados, en principio sin sangre contra Massa y Scioli, pero se disgustan si sólo resultan funcionales a maniobras pergeñadas desde despachos menos relevantes.

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